El abordaje de Chester

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Me desperezo lentamente, intentando que mis pocas partes móviles recuperen su compostura. Fuera, unos tímidos rayos de sol anuncian los primeros compases de un día, que se despierta con pocas ganas de arrancar. A mi alrededor, se congregan un sinfín de ruidos que empiezo a querer ya como si fuesen de mi familia, porque significan que en breve iniciaremos la travesía y con ella, un mundo lleno de aventuras por descubrir.

Noto, de pronto, un ligero vaivén que me indica que estamos a punto de zarpar. Una mano se aproxima y me arrastra de mi ordenado camarote de capitán, a una posición estratégica en popa. No siempre me toca llevar el timón; hay veces que se empeñan en designarme un sitio cualquiera en cubierta y desde allí me tengo que buscar la vida para dirigir el navío con muy poco campo de visión. Así es difícil enfrentarse a los peligros que acechan para proteger a mi familia bucanera.

Antes de levar anclas, me doy un paseo por proa; Intento arrugar mi plastificado ceño para poder escudriñar mejor el horizonte, pero la vista no me alcanza para hacerme una idea del rumbo que tomaremos; Suele ser una ruta imprevisible casi siempre. Me aproximo al palo mayor, del que pende nuestra alicaída bandera pirata y echo un vistazo al primer extremo del mástil. Alguien juguetea con los cabos enredados.

—¡¡Buenos días Craig!!¿Preparado para partir? – indago.

—Buenos días capitán Harker… todos estamos listos. ¡Esperamos sus órdenes!- me espeta impaciente uno de mis grumetes mejor entrenados. Todo lo que tiene de joven lo tiene de tenaz, pero es un poco arrogante.

Voy caminando hacia el puente de mando, donde me espera Sophie. Tiene el rostro encendido por la tensión y da pequeños paseos nerviosos en respuesta a su emoción contenida. Le había prometido enseñarla a manejar el timón y estaba deseando que cumpliese mi promesa. La miro orgulloso mientras me acerco. Se parece mucho a su madre, sobre todo por la impaciencia.—¿donde estabas Gordon?- su ceño se frunce a medida que va expulsando cada palabra.

—Deja de llamarme Gordon o te quedarás sin clase… – desde que perdimos a su madre, en las aguas del Lago Praf, dejó de llamarme papá, para dirigirse a mí por mi nombre de pila y en el mismo tono que solía emplear Grace. Quizá esto la ayude a tenerla siempre presente en su recuerdo, pero a mí, me pone enfermo.

—¡Eso ni lo sueñes! Me lo has prometido…- y apuntándome con su minúsculo dedo índice me espeta- ¡Cumple tu palabra de PIRATA!

—Jajaja – me resulta realmente gracioso que apele a esa condición como sinónimo de honradez.- No desesperes, ahora mismo zarpamos…

Su irritada mueca se convierte en una leve sonrisa y aguarda mi señal, para enfrentarse a los mandos con el convencimiento que le requiero.

Levamos anclas y el barco comienza a surcar las aguas, muy despacio. Primero trazando una delgada línea recta y luego, haciendo virajes un tanto bruscos sobre este mar transparente y plano. Sophie maneja el timón atenta a mis indicaciones, concentrándose tanto que por momentos se olvida de respirar. Estamos en plena explicación, cuando alguien nos sobresalta…

—¡¡Capitán!! ¡¡los cofres del tesoro han desaparecido!!! ¡¡ han desaparecido!!- repetía Jake, el artillero, para hacernos partícipes de la gravedad de la situación.

—¿Cómo? ¿Estás seguro de eso Jake? ¿Cómo es posible?- notaba como me faltaba el aire.

—He bajado a la bodega a por una lima para afilar unos cuantos cuchillos y… todo estaba arrasado… no había rastro de los cofres con las joyas y el dinero y también faltan varios barriles y la colección de arcabuces que nos regalaron estas navidades…- enumera Jake, al borde de un ataque de cólera.

—Mantengamos la calma…- recomiendo.

La puerta del baño se abre y asoma la cabeza de mamá. Su rostro ya no refleja la preocupación con la que salió corriendo esta mañana.

—Cariño, ¿otra vez jugando con los playmobil en la bañera?- sonríe.

—Si, me gusta ver flotar mi barco pirata mamá… ¿Qué ha pasado con Chester?- indago sobre el estado de mi perro.

—Pues… tenía un empacho de cofres del tesoro y objetos varios. El veterinario le ha hecho un lavado de estómago. Está algo cansado pero mucho mejor… – respira aliviada.

Compruebo el interior de mi barco. Una risa floja emerge de mi garganta… el loco de Chester, se había dado un banquete con las piezas de mi juego…

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