Entre copas

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El Kesintong Square emerge de las entrañas de la tierra con el convencimiento de constituir uno de los proyectos urbanísticos de mayor envergadura y altitud de la ciudad. En esta compacta estructura de hormigón y acero se alojan principalmente oficinas de varias multinacionales, consultas privadas de reputados médicos especialistas, un centro deportivo, una afamada academia de baile contemporáneo, un centro de relajación y masajes con zona de spa y meditación, un restaurante gourmet con una vista panorámica de imprescindible visita para los turistas y un lounge bar con terraza chill out en la azotea. Todo un cúmulo de despropósitos mercantiles de excesivo coste solo al alcance de la clase más pudiente. Este mamotreto arquitectónico se ha convertido en el epicentro de la vida de la ciudad, siendo un referente para todos sus habitantes.

La ventaja de formar parte de la plantilla de alguna de las empresas que tienen su sede en ese edificio, es que puedes acceder a todos los servicios por él ofertados con un descuento considerable y tan sólo necesitas mostrar tu tarjeta de identificación corporativa para que todas las puertas se abran sin cortapisas ni demoras.

David, Thomas y Michael, se encuentran tomando unos revitalizantes mojitos after work en la barra de la terraza. La vista de Staten city, la ciudad que les ha amamantado, es impresionante desde esa perspectiva. Cuando se está a cuarenta y ocho pisos de altura uno se siente más poderoso, tan por encima del resto de seres, que da un vértigo espantoso si no logras las emociones que te provoca. Los tres compañeros de profesión y de actividades deportivas, están inmersos en un controvertido debate sobre el fondo estructural de garantía de las inversiones a nivel comunitario. Cada uno opina de una forma tan distinta que la convergencia de criterios está bastante lejana por lo que deciden poner punto y a parte a la discusión y centrarse en asuntos más corrientes y mundanos. Son las diez de la noche de un miércoles lluvioso y gris. La camarera regresa a la barra después de servir a dos chicas que beben sedientas de unas copa de líquido rosado. David lanza una mirada de soslayo a una de ellas y ésta, que capta el flirteo a lo lejos, baja la cabeza coqueta y sonríe en señal de victoria.

Piden una nueva ronda de mojitos instando a Jennifer a que no escatime con la dosis de ron del cocktel. Ella menea la cabeza y, poniendo los ojos en blanco, se dispone a preparar las bebidas. Mientras Jenni va cortando las limas, los amigos retoman su charla con una especie de interrogatorio a Michael sobre los trámites de su proceso de adopción. Éste les comenta que ya están en la última fase, que muy pronto tendría que viajar con Katy a Rosemburg para traerse a la pequeña Britta. Había sido un largo y burocrático camino pero al fin podrían disfrutar de su ansiada paternidad. El hecho de no poder concebir de forma natural, les hizo plantearse inmediatamente la vía de la adopción, pues no podían entender una vida juntos sin compartirla con un hijo. Los tres alzan sus copas recién servidas y brindan satisfechos por el fin de la espera.

A cuatro manzanas del Kesintong Square, en una de las calles más comerciales de Staten, el ático A Escalera izquierda del 67 se convierte en un improvisado ataúd de papel pintado y puertas lacadas en blanco. Katy está sentada en el sofá del salón con un montón de correo a su lado. En su mano izquierda tiene un papel impreso que acaba de leer. Malas noticias, las peores que podía imaginarse desde la muerte de su madre. El Centro de adopciones de Rosemburg le comunica que su expediente ha sido cancelado por reclamación paterna biológica. Están efectuando las comprobaciones oportunas y los trámites necesarios para establecer si la custodia debe reintegrarse a los padres de Britta que han surgido de la nada, de las entrañas del mismísimo infierno piensa Katy con la cara empapada de lágrimas. Se siente muerta de ilusiones en vida y no halla fuerzas suficientes para encajar el golpe, aunque tampoco trata de buscarlas, no se ve con ánimo, está mentalmente agotada.

Thomas vuelve del lavabo preocupado por la hora, no obstante, al minuto se olvida del reloj y vuelve a subirse ágil a su taburete de bar y bebe un largo trago de su copa. Su espeso bigote le obliga a hacer uso de la servilleta constantemente. Tuvo que dejárselo largo por una apuesta con su jefe de departamento y a la larga, se había convertido en uno de los juguetes preferidos de su nieta Sophie. Cuando la tomaba en brazos, ella le tiraba de los pelillos con tan poca fuerza que más que dolor le producía cierto cosquilleo en el labio superior. Ambos se reían sin parar. Estaba esperando su segundo nieto. Su única hija había decidido darle un hermanito a Sophie y por suerte, sería un varón. Había salido de cuentas ya y si la cosa se seguía demorando, los médicos le dijeron que tendrían que inducirle el parto.

A dos manzanas del Kesintong Square, en la calle recién bautizada con su mismo nombre, la habitación 201 planta C de un hospital privado se convierte en una fiesta improvisada con manojos de globos azul pastel, cientos de ramos de flores y todos los familiares que van llegando para ver al recién nacido. La hija de Thomas está cansada del alumbramiento, pero no impide la visita de sus seres queridos pues comprende la euforia que les produce la llegada de un nuevo miembro a la numerosa familia.

David acaba de pedirle a Jenni que le entregue algo a la rubia de pelo rizado de la mesa del fondo. Es una servilleta doblada en forma triangular. Sus colegas le miran resignados pero como saben que no tiene remedio y que Rachel, su mujer, debe estar al tanto de sus correrías, deciden centrarse en una nueva discusión sobre los resultados de la liga ACB. La camarera entrega la nota a la chica con una sumisión excesiva, quizá propinada por la inexplicable admiración que le profesa al hombre que seductoramente interpeló su colaboración. La rubia desdobla el papel con una timidez que no le pega, mira hacia la mesa de su emisor y le reta con sus fulminantes ojos verdes, mientras su amiga sonríe provocadora como queriendo entrar también en el juego.

A siete manzanas del Kesintong Square, donde la cuarta avenida se cruza con la sexta, un loft de estilo neoyorkino se convierte en una improvisada prisión. Rachel está sentada sobre la tapa del inodoro sintiéndose como una delincuente pillada in fraganti. Acaba de comprobar el resultado de un test de embarazo y éste le confirma sus sospechas, está embarazada. Perpleja por la noticia y asustada por las consecuencias, se pregunta si desea seguir adelante con este inesperado proyecto. A pesar de las circunstancias, en su interior comienza a brotar cierto instinto maternal que le genera montañas de dudas. Si continúa con esto, David no debe saber jamás la verdad. Tan sólo había sido una vez, una especie de prueba, un tonteo inapropiado en el gimnasio con el monitor lo que la llevó a engañar a su marido. Si él se enterase jamás se lo perdonaría, con lo buen esposo que es no se merece una mujer como yo, se culpaba. Si en su momento se sintió sucia, ahora creía que jamás iba a poder borrar la huella de ese otro hombre en su piel. Pensaba que había pasado página pero el libro seguía abierto por donde lo dejó.

Son las once y media de un miércoles gris y tormentoso sobre el que llueve sobre mojado. En el bar quedan pocos clientes apurando los últimos tragos. David, Thomas y Michael abonan sus consumiciones y se despiden de Jennifer hasta el próximo día. Ella les guiña un ojo en señal de conformidad y sonríe centrándose en David. Éste le hace un gesto a la rubia de la mesa y su amiga, que no pierde detalle se siente invitada a ese postre para compartir. Ambas se levantan y taconean hacia el grupo de hombres que se afana por localizar sus teléfonos móviles dentro de su maletín de despacho. El tenerlos ocultos y silenciados, es una regla que respetan a raja tabla desde que decidieron juntarse para esa especie de debates post-oficina.

Los tres miran la pantalla de sus terminales con interés, parece que el resto del mundo les había reclamado mientras ellos valoraban el mercado bursátil con fingido interés. El aire se paraliza alrededor de ellos en una especie de masa compacta que les dificulta tragar su propia saliva. Michael parpadea incrédulo ante las 5 llamadas perdidas de Katy y finalmente lee un mensaje: «La adopción se ha cancelado… estoy desesperada y no quiero cometer locuras……… llámame»

Thomas tiene colapsada su bandeja de entrada con cientos de mensajes del tipo «enhorabuena por el nuevo nieto» y «felicidades abuelo». Entre las felicitaciones, hay un archivo adjunto. Una foto de un recién nacido con los ojos cerrados y los puños apretados que es la viva imagen de su hija Patty. No puede evitar que las lágrimas inunden su arrugado rostro y humedezcan un mostacho tembloroso por la emoción.

David no tiene ninguna notificación en su teléfono, así que restablece el sonido y lo guarda en el bolsillo de la chaqueta. Observa a sus amigos curioso. Uno está demasiado emocionado para hablar con claridad y el otro parece que ha sido arroyado por un cercanías. Las chicas que han mordido el anzuelo esperan sus indicaciones con impaciencia. De pronto su teléfono suena. Por fin alguien se acuerda de mí, bromea sonriente. En la pantalla, la foto de Rachel le recuerda de pronto su estado civil y siente vergüenza de estar al lado de dos extrañas dispuestas a todo. Le había dicho a su mujer que tenía que preparar una reunión con el consejo muy importante y que probablemente llegaría a casa avanzada la madrugada, que no le esperase para cenar, por lo que su llamada le intrigaba en cierto modo. Descuelga al cuarto tono. La tímida vocecilla de una Rachel asustada y embarazada, le anuncia que va a ser padre. David se queda sin habla.

En el piso cuarenta y ocho del Kesintong Square, con unas vistas privilegiadas de Staten City, tres compañeros de trabajo enmudecen al contacto con su otra realidad mientras el miércoles lluvioso y gris da sus últimos coletazos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s