Un candado en tu boca

sal derramada

Pasan dos minutos de las trece horas de un martes trece desprovisto de ilusión y planes para la señora Cuervo. Consulta la guía de ocio de su ciudad mientras apura una taza de camomila que se le ha quedado templada y mordisquea de forma distraída una galleta rancia de canela. El ruido de fondo de una cafetera industrial a pleno rendimiento, las cucharillas golpeando la porcelana, el incesante murmullo que encripta decenas de conversaciones y el olor a café colombiano hacen que se empiece a encontrar incómoda en ese bar. A punto está de cerrar las páginas de ese libro que no consigue persuadirla cuando sus cansados ojos insomnes se topan con un breve anuncio sobre la presentación de un libro de cocina dietética: “Un candado para tu boca”. Su exceso de grasa corporal la empuja a leer con interés los datos del evento y mientras lo hace, sin darse a penas cuenta, su dedo corazón se monta sobre su índice en un intento por atrapar la buena fortuna y poder acudir a esa cita ineludible para su encarnizada lucha contra el colesterol y los triglicéridos. Por suerte se encuentra a sólo tres calles del lugar donde se hablará del libro y a veinte escasos minutos de su comienzo. Una sonrisa de victoria aflora entre sus abundantes mofletes y decide no perder más tiempo en un lugar que empieza a olerle a croqueta de jamón y calamares fritos. Se encamina hacia la barra y le muestra a un camarero, que hace lo imposible para no estornudar delante de sus narices, un billete de cinco euros. Éste agarra el papel moneda y lo deposita en la rebosante bandeja de la caja registradora, mientras sus ágiles dedos atrapan las monedas del cambio. Consigue despacharla sin fumigar a la oronda mujer con sus virus pero en cuanto ésta se da la vuelta para irse, el resfriado del hombre muestra su lado menos amable en forma de sonoro y húmedo estornudo. La señora Cuervo no puede evitar girarse desde la puerta y dedicar un respetuoso «Salúd» al enfermo para que el demonio no le entre por la boca.

La sala donde se exponen varias columnas de ejemplares del libro recién horneado está medio llena. La mayor parte de los asistentes comparten la misma preocupación: su sobrepeso. En algunos casos llega a ser mórbido, en otros, un simple exceso de tejido adiposo. La señora Cuervo toma asiento en la primera fila, entre un tipo con aspecto de entrenador de sumo y una mujer pelirroja que se parece a la del anuncio de unas compresas para pérdidas de orina. Consulta impaciente su reloj, todavía faltan unos minutos para que el escritor, autor de esa prometedora arma para combatir michelines, haga acto de presencia. Los de la librería han cuidado hasta el último detalle. Han dispuesto una gran mesa con ejemplares de la obra, una serie de ingredientes clave en una dieta sana, otros ejemplos de alimentos y condimentos prohibidos y una gran pancarta con el nombre del libro y de su autor.

La espera la desespera. Está bastante harta de luchar contra una obesidad que sólo obedece a los malos hábitos. Las incontables dietas que inició a lo largo de su vida, sólo le han servido para generar un efecto rebote que ensanchaba su figura en cada fracaso.

Entre aplausos y algún silbido, el señor Aguilar sale a la palestra por fin con uno de sus ejemplares manuscritos en la mano. Su discurso se centra en el autocontrol, la disciplina y la conciencia. Desde el minuto uno, la señora Cuervo se siente seducida por las sabias palabras del ponente. Un hombre atractivo y varonil que expone con claridad meridiana un ideal de belleza saludable. Los minutos le parecen segundos al roce de esa voz que arrebata sus sentidos. Encandilada por su sabiduría se deja aconsejar por los dictados de su manual y los ejemplos que les muestra los graba a fuego en sus lorzas de grasa. Todo va bien hasta que el señor Aguilar toma entre sus torpes manos un bote de sal para hablarles de la dosis diaria recomendada. Sin poder evitarlo, el contenido se precipita sobre la mesa inundando libros y demás objetos. La señora Cuervo aprieta los puños y contrae el rostro en una mueca de horror. Su última esperanza se acaba de gafar entre cloruro sódico y toneladas de mala suerte. Jamás podrá escapar de su cárcel de calorías y sus manías supersticiosas no hacen más que obstaculizar su huida, piensa resignada.

NATIONAL NOVEL WRITING MONTH (NaNoWriMo) Mi experiencia personal

UNA PUERTA Ok

El NaNoWriMo es un proyecto de escritura creativa originado en los EE.UU. (en la Bahía de San Francisco), en el cual cada participante intenta escribir una novela de al menos 50.000 palabras durante el mes de noviembre.

Esta iniciativa arrancó en julio de 1999 y desde entonces se celebra anualmente en el mes once del año, convirtiéndose en un evento internacional en el que puede participar cualquier persona con ganas de escribir. Las novelas de los participantes pueden ser de cualquier género y tema. Uno de los requisitos imprescindibles es que no se debe haber comenzado a escribir antes de la media noche del 1 de noviembre y se habrá de terminar antes de la media noche del 30 de noviembre. Se puede avanzar con cierta planificación o notas preparatorias, pero nunca con escritos que puedan introducirse en el cuerpo de las novelas y contribuir a engrosar el recuento de palabras. El límite de esas 50.000 palabras no puede conformar una novela larga, según los estándares de trabajo publicados, pero es más que suficiente para describir el trabajo como novela corta (unas 175 páginas) y llegar a este reto en sólo un mes constituye un gran esfuerzo.

En este proyecto sin ánimo de lucro, no se dan premios por tamaño, calidad o velocidad. Cualquier persona que sobrepase el límite de palabras es declarado “ganador”. A partir del 25 de noviembre, los participantes pueden enviar sus textos para que se pueda verificar automáticamente su envergadura y si se logra el objetivo, cada autor vencedor recibirá un certificado imprimible, un icono que pueda colocarse en la web y y la introducción de su nombre en la lista de ganadores.

NaNoWriMo no cuenta con verificadores personales ni precauciones para prevenir la trampa, por lo que el mayor premio es la satisfacción personal de haber escrito una novela. Cualquier maquinación para burlar las normas, tan sólo se convierte en un engaño a uno mismo y un fracaso en el reto.

Para ser declarado vencedor, cada participante deberá escribir un promedio de 1667 palabras diarias, aunque no tiene por qué escribirse esta cantidad ni todos los días, cada uno se distribuye su producción según su tiempo disponible.

Al término del mes, todos los vencedores, a parte de la satisfacción de haber llegado a la meta, reciben numerosos descuentos de los patrocinadores del proyecto en diversos artículos como software para escritores, publicaciones, merchandising, etc.

Es una iniciativa que une a gente de todos los rincones del planeta, con la que te relaciones a través de correo, redes sociales y foros. También se hacen quedadas para escribir o para hablar de las novelas y para celebrar el triunfo después. Es todo un mundo que cada año bate record de participación. Este año más de 300.000 personas apuntadas.

Mi experiencia personal en este proyecto ha sido enriquecedora a todos los niveles. Lo descubrí a través de un artículo que publicaron en el taller literario donde participo y si bien hay mucha gente que descarta la iniciativa por falta de tiempo, por considerarla contraproducente para su producción al valorar sólo la cantidad y no la calidad de los textos o porque ya tienen el hábito de la escritura diaria, otra gente, a la que me he sumado, lo enfoca como un divertido reto que sirve para demostrar que todo el mundo que se lo propone puede crear una novela con su inicio y su final en un tiempo record. Además, al obligarse a escribir una cantidad de palabras diaria hace que se termine por incorporar este hábito a las rutinas diarias y ese es uno de los incentivos de esta iniciativa. También sirve para demostrar que si se es perseverante se logran los objetivos marcados, por duros que parezcan éstos al principio. Te obliga a tomar decisiones precipitadas, a dejar fluir la imaginación a un ritmo frenético, a ejercitar esa capacidad creativa y a dejarte llevar sin ninguna limitación. En general, este proyecto, tiene muchas más ventajas que inconvenientes y de él, pueden surgir historias muy interesantes.

Las primeras palabras salen con desconcertante fluidez, pero a medida que la trama va avanzando, la producción mengua o amenaza con hacerlo y si no se han hecho esquemas previos, como ha sido mi caso, corres el riesgo de caer en incongruencias o que la historia te abrume y no sepas por donde tirar. No tuve mucho tiempo, ni ganas para qué engañarnos, de dibujar un esqueleto de mi trabajo para desarrollarlo posteriormente. Mi participación en el NaNo ha sido fruto de la curiosidad y del reto y me adentré en esta aventura ayudada por la improvisación diaria. Para relatos cortos está muy bien echar mano de la improvisación, pero para proyectos más complejos no es nada recomendable. Con esto he aprendido a valorar hasta límites que jamás pensé, todo el trabajo que hay detrás de todos y cada uno de los libros que caen en mis manos. La labor de preparación es casi tan importante, o más, que la de escritura en sí y la posterior de revisión, también resulta imprescindible para pulir las obras. Es algo que, a parte de tener aptitudes y gustarte, conlleva un gran esfuerzo mental. Se termina agotado después de cada sesión creativa, cualquiera que sea el tema que se toque. Ahora aprecio cada palabra que leo, cada frase que se dispone en un texto y que va desgranando cada historia dándole sentido a la trama. Es admirable el trabajo de todos aquellos que son capaces de culminar sus proyectos en forma de libro (y hablo de escritores de verdad, no de esas intromisiones que está teniendo el mundo de la literatura en la actualidad, que hacen que se nos caiga la cara de vergüenza a los que valoramos la creatividad y detestamos la palabrería barata como negocio).

Empecé “Jugando a vivir” con una ligera idea de un personaje protagonista, pero sin definir ni su personalidad, ni su entorno y me lancé al vacío de la improvisación. Sobre la marcha me inventé una vida y fui relatando sus vivencias según se presentaban en mi imaginación, improvisando capítulos y personajes secundarios y experiencias. Por no tener, no tenía ni un final decidido. Evidentemente hay mucho que pulir, ahora está reposando un tiempo antes de que me ponga a revisarlo, pero cuando coloqué el último punto y los del NaNo me proclamaron “Winner” por haber llegado al objetivo, una sensación de enorme satisfacción me invadió. Es genial haber conseguido terminarlo y aunque las últimas 10.000 palabras se convirtieron en un suplicio algunos días, al final, el esfuerzo se ve recompensado con creces y merece mucho la pena.

“Jugando a vivir” es una historia de ficción que trata de la vida de un brillante abogado al borde de los cuarenta, que cansado de su situación decide romper con la rutina que le asedia y vivir un año sabático donde experimentará otros estilos de vida que nada tienen que ver con la suya pero de los que aprenderá mucho y le servirán para valorar su propia existencia desde otros puntos de vista. No es un novelón, ni lo pretendo, pero es mi primer hijo literario y como madre, estoy muy orgullosa de haberlo moldeado en tan poco tiempo. Aunque en un futuro no llegue a ser nadie, ni vea la luz jamás, siempre será el recuerdo de mi primer logro.

Tampoco será mi última participación en el NaNoWriMo, algo que recomiendo desde aquí a todos los que os guste escribir.