The show must go on

mario

Mi vida se ha convertido en un circo donde los payasos no hacen reír a los niños porque no tienen razones para robar sonrisas; donde los acróbatas se amontonan en un amasijo de piel y huesos sin saber cómo mantener el equilibrio en sus vidas; donde las fieras rugen al aire gritos, en señal de duelo, porque no han reunido coraje para enfrentarse a su domador; donde lo normal pasa a quinta fila y lo irreal, ocupa las primeras gradas para no perderse una función que sabe a promesas. Me siento en el centro de la pista y el mundo empieza a girar como una noria sin sentido pero con prisa por llegar a ese lugar en el que se supone estará eso que busca la gente que no se conforma.
Todo empezó con aquel beso que soñé que me dabas. Un gesto que se ha vuelto costumbre y que no podemos obviar cada vez que hablamos. Desde entonces nunca falta en nuestras bocas, se repite una y otra vez como un loco implorando al cielo que llueva algodón de azúcar; espera que caiga sobre su cabeza para poder atraparlo con su lengua antes de que alcance el suelo, como yo espero que ocurra con esa muestra de afecto que tanto ansío y por la que siento curiosidad.
Antes de nada y de todo, estaba justo al borde, con los pies muy juntos, preparada para saltar… pero nunca me atreví, por más que hice acopio de valor en una cantidad más que industrial y me quedaba mirando al vacío, como una espectadora de una vida que no da más de sí porque la cuerda de tanto tensarse, ha dejado de ceder en algún momento que no puedo recordar. Necesitaba un empujón, un impulso que me catapultase hacia el otro lado con el ímpetu suficiente para no hacerme trizas, un empellón que me diese alas para emprender el vuelo hasta una orilla que necesito explorar desde cero, de la que necesito aprender y a la que quiero sorprender cada mañana al levantarse. Desde aquí se puede ver el paisaje, como quien observa un cuadro que es incapaz de pintar porque no tiene suficientes colores en su paleta. Desea tenerlo, vivir dentro de él, respirar su aroma, descubrir sus rincones y jugar a ser un elemento más en su composición.
Los momentos son fragmentos de una montaña rusa que discurre entre anécdotas y recuerdos, entre decisiones mal tomadas y síndromes de abstinencia, entre el sueño y la vigilia, entre la lucidez de un sueño que parece realidad y la ofuscación de una rutina que está muy presente en forma de venda, entre miles de deseos y planes que se desbaratan al cabo de segundos; y esa atracción de euforia y bajón, donde mi conciencia se siente cómoda porque desde siempre ha sido mi hogar, me reta con tramos donde el miedo se sienta a mi lado, ocupando un lugar donde la ausencia no busca porque no quiere encontrar y decide acompañarme en este viaje hacia ninguna parte, esperando un trato que no le dispenso porque estoy harta de darle una importancia que se cree haber ganado. Así que ignoro todas las manifestaciones de ese temor que ha decidido convertirse en mi sombra y permanezco sentada, dispuesta a sentir esa adrenalina corriendo por mis venas cada vez que asomas, cada vez que te ausentas, cada vez que me alejo cientos de kilómetros a todos los niveles, cada vez que me dices que me quieres con una mirada que jamás he visto pero que no pienso perderme.
La vida no es más que una puta a la que se le ha corrido la máscara de pestañas porque ha llorado demasiado a cuento de nada; es una adolescente a la que han dejado en bragas porque no se ha aprendido la lección; es un antojo que muchos no pueden disfrutar a pesar de estar al alcance de cualquiera; es un fenómeno que unas veces nos entrecorta el aliento, otras nos deja sin respiración; es un espectáculo que no echa el freno porque te falte echarte colorete en las mejillas; es un sueño del que jamás quiero despertarme sin saber cómo termina; es ese caballo al galope del que no podemos caernos una vez nos hemos hecho con las riendas; es un juego en el que a pesar de no querer perder, tampoco nos paramos a saborear cada pequeña victoria; La vida es una sucesión de cumbres que debemos coronar aunque, en ello, nos tengamos que dejar los dedos porque sin dolor, no hay recompensa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s