A veces…

Volando alto, tan alto que

A veces es necesario perderse para poder encontrarse…

despistar a esa soledad que sabe amarga para dejarse ver…

A veces es necesario volar muy alto para que no haya riesgo de caer…

ascender por encima del mañana, del hoy y del ayer…

A veces es necesario que me olvide un poco de ti para pensar en mí…

reconocer que hay más mundo que tu mundo,

más estrellas que contar con mis dedos que tus ojos,

más vasos medio llenos por beber…

A veces es necesario gritar para que la voz dormida despierte…

A veces es necesario dudar de uno mismo para poder volver a creer…

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El arrepentimiento crece todos los lunes,

cuando la piel de lobo muda por la de cordero degollado

y se empaña mi verdadero yo

bajo capas de una moralidad ebria al paso de los años

que no encuentra razones, ni ausencias, ni olvidos, ni engaños.

Tengo cientos de mujeres entre los hombros

y mil historias por archivar en el corazón,

pero ninguna es capaz de eclipsar tus recuerdos,

esos que empapan una memoria, la mía, cansada de vagar

por unas calles que le resultan tan familiares como desconocidas.

Y tú, que te afanas en buscar respuestas en mi cuerpo,

en su lectura entre líneas curvas y besos mojados,

en su tacto ciego y su olfato mudo;

tú que te pierdes en mi aliento para no pensar,

que remueves mis entrañas con sólo sonreír,

que conviertes mi pretérito en algo más que imperfecto

para que el futuro se presente prometedor

sin saber que ni yo lo quiero ni tú lo añoras.

Tú, que pronuncias mi nombre a destiempo,

que te lavas la cara cada mañana con mi saliva

y aún así, no consigues despertar tu deseo,

porque para despertar hay que saber soñar primero.

Olvido

rotosNo hay más verdad en tus ojos

que la que me niego a escuchar,

no hay más fronteras

que tus piernas cruzadas de par en par,

ni más versos en tus venas

rimando libres con tu forma de caminar.

Ese andar que me hace ser esclavo de su tonto contoneo,

prisionero en la red de unas medias a punto de rasgarse,

víctima de la indiferencia de unos tacones ausentes

y faltos de entonación sobre mis huesos rotos.

Tu corazón late sin rumbo fijo,

perdido en el horizonte de mis ojos

como un barco sin timón que ha perdido el norte,

tu norte que un día fue mi sur,

y mis ganas por besarte que son ahora las tuyas por olvidarme.