Esta noche serás mía, zorra

AC6B4018La cena, a pesar de haber sido improvisada a última hora, había resultado agradable. Los cinco amigos y compañeros se habían relajado entre copas de frío frascati y chistes malos después de una dura jornada de trabajo. Miguel aprovechó la ocasión para mostrar su alianza de compromiso, un reluciente y moderno aro de acero con dos franjas de una aleación cobriza en el centro. Fernando, Susana y Alfredo usaron la noticia de excusa para brindar una vez más y pedir otra botella de ese exquisito elixir italiano.

Alicia estaba muy cansada, tenía mucho sueño acumulado y decidió ir al lavabo para refrescarse un poco justo después del brindis. De camino extrajo su móvil del bolso y comprobó, una vez más, el led luminoso indicando que tenía un mensaje nuevo. Hacía semanas que alguien se dedicaba a enviarle notas telefónicas. Al principio eran cordiales, simples saludos que ella contestaba con paciencia y educación excesivas. No tenía ni idea de quién podía ser y parecía no estar por la labor de identificarse. Con el paso de los días y movido por la indiferencia de ella, empezó a subir el tono de esas breves e inoportunas intromisiones telefónicas hasta situarlas en un punto entre depravadas y amenazantes. Se convirtieron en una pesadilla que no sabía como frenar, así que se había acostumbrado a leer en busca de alguna pista que revelase datos de la identidad de su acosador y borrarlos. “Me gustaría tenerte amordazada sobre mi cama, totalmente disponible para mí. Esta noche serás mía, zorra”, decía en esta ocasión.

Apretó los ojos fuerte y lanzó un suspiro al aire para liberar esa frustrante sensación de impotencia que la invadía. Entró en el lavabo y observó su rostro en el espejo. Su mirada verde oliva estaba enmarcada por unas profundas ojeras violáceas. Hacía varias noches que no dormía más de cuatro horas seguidas. Se lavó el rostro con agua fría y volvió a recrearse en un cristal que se empeñaba en escupirle su verdadera edad a la cara. Apoyó sus manos sobre el mármol y agachó la cabeza. Por un momento cerró los párpados e intentó vaciar su mente de pensamientos negativos. Una mano sobre su hombro la hizo pegar un respingo y ahogar medio grito.

—Alicia, ¿Estás bien? Llevas mucho rato aquí… —preguntó Susana con esa mirada maternal que le salía sin querer.

—Sssi, si, no te preocupes —respondió intentando recomponerse. —Voy a irme ya a casa, hoy estoy exhausta —añadió.

Se despidió de sus compañeros y se dirigió a su coche aparcado en la acera. Condujo casi de forma mecánica hasta su finca y estacionó el pequeño BMW en su plaza. Bajó del vehículo con aire cansado. Sus tacones resonaban contra el pavimento del garaje y el eco de sus pisadas se propagaba a través del silencio de ese gran dormitorio de caballos mecánicos.

Aceleró sus pasos sin saber muy bien por qué, al tiempo que sus latidos aumentaban la frecuencia de forma irracional. Una angustia consciente la atrapó e hizo que las llaves de su casa se precipitasen al suelo. Se agachó a recogerlas y mientras lo hizo, la luz automática del garaje dejó de alumbrar la helada estancia. Alicia se quedó quieta entre la oscuridad, inmóvil, paralizada por un miedo atroz que neutralizaba sus músculos impidiendo cualquier movimiento. Su aliento se hizo visible y sintió la boca seca. Intentó tragar pero su saliva estaba demasiado espesa como para hidratar su garganta. Su móvil le anunció la llegada de un nuevo mensaje y el sonido la hizo estremecer pero, a la vez, la empujó a ponerse en pie e ir corriendo hasta el interruptor. Lo localizó ayudada por la poca claridad de las luces de emergencia y justo cuando su dedo iba a posarse en el botón, notó el frío metal de un revolver sobre su nuca. Sus pupilas se achicaron, su mandíbula se contrajo y el gesto de su rostro reflejó un pánico que nunca antes había experimentado. Una voz varonil y susurrante le ordenó obediencia y sigilo y asiéndola de un brazo, la condujo hasta un coche con lunas traseras tintadas. La obligó a tomar asiento y sin parar de encañonarla, le dijo:

—Te lo advertí… esta noche serás mía, zorra.

Secuestrador y víctima se cruzaron miradas. La de él, enmarcada por un pasamontañas negro, se fijó en su escote; la de ella, bajo una capa de rimmel corrido, se clavó en la mano que empuñaba el arma y en ese brillante aro de acero con dos franjas de aleación cobriza en el centro.

Anuncios

6 comentarios sobre “Esta noche serás mía, zorra

  1. Te dejo esto aqui, por si acaso no vuelves por la escena:

    Por haber llegado tarde, los colegas literautas ya te habrán hecho todas las críticas. Solo te diría que me hizo “ruido” “Apretó los ojos fuerte ” . ¿No te suena mejor: Apretó fuerte los ojos?

    Tu cuento me ha gustado mucho, principio y final. Cumpliste cabalmente el objetivo del mes.
    Me gustó el detalle en las descripciones de la reunión y del estado de ánimo y cansancio de tu protagonista.
    El título que diste a tu relato me parece perfecto. Además, el ritmo que le imprimiste, me mantuvo al vilo e hizo que lo leyera de un tirón. Odié a Miguel.

    Felicitaciones y gracias por tu comentario a mi relato
    Chiripa
    Escrito el 11 diciembre 2014 a las 02:29

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s