Esto es un SÍ

Can-t-Be-Tamed-Everybody-left-miley-cyrus-17072991-1152-612La noche va cayendo sobre los tejados de tela asfáltica y el pavimento pulido se deja acariciar por los escasos vehículos que frecuentan la zona. Está apartada del centro de la ciudad y eso ofrece garantía de discreción.

Rafael penetra en uno de los locales que conforman ese polígono dónde la carne se exhibe a precio de saldo. Se arrastra hasta la barra y pide una copa de Jack Daniel´s. La camarera de turno le guiña un ojo mientras deja caer un buen chorro de licor. Él se concentra en sus pechos hasta que el nudo de su garganta se pone más tenso que el de su propia corbata. Recoge su vaso y toma asiento en una de las butacas que rodean la pasarela central del bar. Se quita el sombrero, antes que los guantes, y lo deposita sobre su regazo. Bebe un largo trago y nota como el alcohol le va quemando la traquea a su paso. Su cerebro no para de procesar ideas que no hacen más que recordarle que la ha cagado. Se plantea cuestiones que no se atreve a responder por miedo a descubrir el tipo de personaje en que se ha convertido. Entonces se pregunta si lo volvería a hacer y se sorprende a sí mismo, con un gran SÍ en letras mayúsculas. Consulta la hora en su teléfono y vuelve a acceder a la lista de mensajes, acción que viene repitiendo cada diez minutos los últimos dos días. Sus pupilas se clavan en un nombre propio: Marcia. Selecciona con el dedo su última conversación y se vuelve a parar ante la foto que ella le envió a primera hora del lunes. La imagen de ese test de embarazo positivo, le confirma que es un capullo integral, que es un capullo y que va a ser padre por tercera vez. Los ojos se le llenan de lágrimas, en parte por la emoción de volver a ser padre y en parte por lástima y por desprecio a sí mismo y por esa forma de huir tan cobarde de un señor que ronda los sesenta.

La música ambiente cambia de estilo de forma radical. Los focos de colores apuntan al centro de la pasarela y del subsuelo emerge una gran jaula de pájaro con una mujer alada en su interior. Está de espaldas al público sujetándose fuerte a los barrotes. Es como un soplo de aire que pone los pelos de punta a toda esa virilidad sedienta. Una bocanada de humo artificial anuncia que el show va a comenzar y esas caderas talladas a mano empiezan un contoneo capaz de hipnotizar cualquier concentración de testosterona. Sus glúteos, firmes como rocas, se convierten en diana de todas las miradas, mientras su cuerpo va serpenteando en el interior de esa prisión para ángeles arrepentidos. Rafael la observa detrás de sus gafas de pasta. Nunca tuvo necesidad de llevar lentes pero cree que le dan un toque distinguido. Su cuerpo reacciona de nuevo ante el deseo que le despiertan esas piernas sin fin, no puede evitarlo. Bebe otro trago y mientras lo hace, la chica se despide de su sujetador, sin rastro de pena ni de pudor, con un rápido movimiento de muñeca. Rafael captura esas formas curvas con la misma mirada sucia que una noche le impulsó a meterle un billete de cien euros en el tanga. Esa noche ella consintió que la invitase a varias copas y terminó por dejarle perderse entre sus piernas. Él era la primera vez que campaba a sus anchas por un cuerpo tan joven, ella era una experta en robar corazones maduros. Ambos jugaron varios días hasta quemarse.

El número erótico termina y la chica se dirige al camerino envuelta en una bata de raso negro, necesita con urgencia fumarse un cigarro. Se recuesta en la silla frente al tocador y aspira el humo con ansia. Con la mano que le queda libre intercepta su móvil y sin pensárselo demasiado, escribe: “Te he visto en la sala ¿eso es un si?” A Rafael le vibra el teléfono en el bolsillo. Lo extrae con cautela y comprueba que es un mensaje de quién se imagina. Vacila unos segundos y responde: “Si, Marcia. Esto es un SÍ. Tengamos ese hijo. Voy a ocuparme de todo”. Se bebe el último trago de whisky; el trago más amargo de todos mientras piensa en la cara de su esposa Claudia y sus dos mellizos cuando descubran, a la mañana siguiente, esa nota de su padre pegada a la nevera.

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Al desnudo

Al desnudo

Me sabe a ti la sensación de despertarme con la boca seca,

la tentación de escurrirme entre tus dedos

y esa locura transitoria que me inspiran tus caricias

se repite sin tregua en mi garganta.

Es tan perenne mi deseo por tu piel

como caduco es el rastro de tu saliva en mis pezones.

Y así me gustas… al desnudo,

al silencio de una cama que se sonroja

cuando me lees sin comas con tu sed encendida,

cuando te reto a dejarme sin palabras con tus manos,

sin versos que escribirle a la tristeza

porque se ha evaporado en el arcén de tu ombligo.

No digas más, ya lo sé todo,

deja que tu lengua me exprese, me invite, me excite.

Sólo espera a pronunciar mi nombre en un gemido,

profundo, agudo, tan sutil como un amanecer en un día de tormenta,

de esos que te visitan sin pedir cita,

de los que te arrancan la ropa a mordiscos y no te enteras.

Eres el ejemplo de mi velada perfecta,

la primera letra de mi fuego y la última de sus cenizas.

Eres la causa y el efecto de mi muerte por placer,

la marea que ahoga mis ojos cuando sube

y cuando baja, la que los relaja hasta caer.

Tan descalzo como tu sexo sin mi abrigo,

tan lejano como un susurro con la traquea rota,

es así cómo tus latidos van callando su murmullo,

robando minutos a un reloj que ha dejado de esperarnos

porque cuando estamos juntos se cruza de brazos.

Recupero el aire, las ganas y ese desastre de piel y tela

que es mi mundo cuando lo habitas,

cuando lo penetras lento y despacio,

cuando pasas sin llamar porque sabes que te espero.

La chica del montón

 

llorar

Del montón, eres la que está en la cima sin haber escalado,

la que sonríe aún no teniendo ganas de hacerlo

porque sabe que la vida es cómo una buena amiga

aunque a veces vaya de puta.

Vuelve a pintarte esos ojos

que algún día fueron dos armas azul cobalto

capaces de derretir el hielo con un simple parpadeo

y los corazones más inaccesibles de un solo guiño.

Vuelve a subirte a esos tacones que dan vértigo

y asómate al mundo a la altura correcta.

Del montón, eres la más paciente,

la que sabe aguardar su turno en silencio

porque me dices que todo llega si se sabe esperar

y que todo cae por su propio peso.

Vuelve a bailar al son de tus latidos, que no han cesado

porque todavía no ha nacido nadie que se atreva a frenarlos.

Descubre que las razones para odiarme

son mucho más bajitas que las que tienes para quererme

y mírame a los ojos como nunca

si sientes que el cero ya no es una opción.

Del montón, eres la más valiente,

la que vive de ilusiones el presente

porque piensa que el mañana está demasiado lejos

y no le gusta jugar a ser predicción sobre tierra firme.

Déjate ir con las horas y date cuenta

de que algunas personas son parte de tu historia

pero no de tu destino

y así aprenderás a mirar atrás sólo de reojo

para poder seguir caminando con la mirada al frente.

 

Por ti, Madrid.

madrid

Rebusco razones en verso

para venderte una ciudad que enamora,

de esas, en las que está permitido soñar despierto

y mirar a la luna con ojos de gato pardo sin temor a quedarse ciego.

Sé que te cuesta pensar que puedas encontrarte entre sus calles,

que sin buscar tropieces con esa sonrisa que te viene al pelo

y con esas piernas tan largas como sus noches sin estrellas,

pero te diré también, que aún teniéndolo todo,

Madrid no tiene nada si no estás entre sus ruidos,

entre la marea de corazones huérfanos que caminan de su propia mano,

entre vagabundos descalzos y sus serpientes de asfalto.

Te prometo que no habrá más humo en mis intenciones

que el que desprenda el tráfico en hora punta,

porque ya no merece la pena vivir del cuento

ni de las pocas rentas que me dan tus mentiras a medio vestir de verdad.

También te digo, que sus amaneceres son pequeñas joyas por las que compensa pecar,

que el tiempo no pasa a su lado, sino que se detiene a silbarle desde la otra acera,

y que sus jodidas noches son orgasmos vestidos de neón,

que te seducen hasta tu completo desarme

y entonces estás abocado a entregarte a ellas sin remedio.

Llámame loca por soñar que algún día vendrías,

por pensar que el destino estaba de mi parte esta vez

aún siendo el enemigo a batir por mis creencias.

Llámame tonta por pensar más de la cuenta

y vestir de peonza las decisiones que debí tomar,

yo tampoco me atreví a cortarme las alas

porque sin ellas ya no puedo volar

y entonces de Madrid al cielo perdería todo su sentido.

Le pondría tu nombre a todos los meses del año,

porque verte sonreír es la manera más bonita

y menos cruel de perder el tiempo.

Y ya no importa que llueva o nieve,

que haga frío o extremado calor,

ya no mido las estaciones en segundos

sino en cervezas que beber a tu lado.

Lo que me preocupa ahora del reloj de ese km cero

es que corra en dirección contraria a tus piernas

y que deje de apasionarme decidir que ponerme por las mañanas

pensando en que me lo quitarás por las tardes.

Me apetece perderme para volver a encontrarme contigo,

porque tengo miles de planes pendientes

para ahogarnos en la espuma de esta ciudad sin mar

pero con demasiados bares,

que ha sabido enamorar a todos menos a ti.

Echándole cuento a la vida

10933903_10204757314366360_1483148958432187562_nHay veces en que tropezamos sin querer con piedrecitas invisibles,obstáculos diminutos que te hacen frenar en seco y pensar si te has equivocado de sendero otra vez.Entonces te das cuenta de que variar la trayectoria es la más sabia de las decisiones y sujetas fuerte el timón porque amenaza tormenta, una de esas que sólo va a dejarte con arena en los bolsillos y piedras en tu tejado, pero te compensa el chaparrón por un trocito de calma.

Crecimos a la misma velocidad que nuestras mariposas, hasta hacernos tan grandes que mi corazón se negaba a seguir latiendo porque ya no cabían más recuerdos tuyos en mi pecho. Te dije si a casi todo y tú no me negabas nada. Pasé de hormigueo a cosquilleo y de ahí, casi sin darnos cuenta, a necesidad. Fui tu plan A, tu montón perfecto, la luz de ese faro que ilumina tu laberinto y te hace fácil llegar al centro de todo lo que realmente importa.

Jugamos a dejarlo todo hasta quedarnos sin nada y nada es lo que tenemos cuando observamos el hueco que nos falta por rellenar. Nos quedamos vacíos como un volcán sin lava ardiendo, como una copa sin vino, como una puta sin una polla que llevarse a la boca por un puñado de billetes sucios. Soñamos con Argentina, Nueva York o Brasil, con esa chimenea en los Alpes dispuesta a guardar nuestros secretos bajo la manta, porque de tanta grappa y de tanto frio, nuestros cuerpos acabarían por pecar de la manera más natural pero de la forma más obscena.

Vivía el día a día esperando la noche, ese momento en que solos intentábamos arreglar nuestro mundo a base de triunfos y metas. Quizá falló el ingrediente principal, quizá las ganas por comerte el mundo menguaron a medida que creció tu indecisión y yo no supe dar con la llave adecuada aunque aún conservo todas las copias, quizá con la esperanza de poder abrir otros corazones menos blindados que el tuyo.

Ahora busco mi reino entre tanta ruina, porque me niego a dejar de ser la reina de esta fiesta llamada vida, mi castillo de arena desde el que poder verte despertar cada mañana, mi mar atrapado en esa caracola que es tu boca cuando me susurra “tranquila, todo saldrá bien”, mi pequeña capilla perdida entre el verde de mis raíces y el sabor de tu acento donde planeamos decirnos SI sin dudar ni un segundo.

Préstame ahora tu saliva para mojar en ella mis dedos y poder pasar así la última página de mi mejor recuerdo. Cerremos este libro de un portazo y comencemos de nuevo a vivir, pero prométeme que esta vez le echarás un poco más de agallas y menos cuento, porque las princesas a veces… preferimos el coraje a los sueños y vivir cierta dosis de realidad.

Qué nos queda por ganar

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Recuérdame amor, por qué mis párpados se han quedado anclados a esa sonrisa que oí pero que nunca he tenido el placer de ver, por qué mis mareas ya no se rigen por la luna desde que la eclipsaste con tu lengua y por qué soy incapaz de trazar el mapa que conduzca a mi tesoro por más que me empeñe.

Esta mañana he vuelto a pensar en ti y me ha costado deshacer otro de los nudos que se han formado en mi garganta, aunque he de reconocer que de tanta maña cada vez necesito menos fuerza.

Sigo siendo esa idiota que prefiere presumir de haberte perdido que llenarme un vaso con el peor de los whiskys y sentarme al fondo en la barra del bar a explicarte por qué me pesa más la vida que los años y por qué tengo miedo a todo y no hago nada; porque ésto no es la primera vez que me oyes decirlo y es cierto, estoy acojonada de hacerte preguntas y dejar de aparecer en todas tus respuestas, de que mi miedo a perderte tome el mismo cuerpo que esta copa que ahogo entre mis manos y muerda el único hilo que une mi guión a tu final.

Sigo dándole vueltas a todo, amor y aunque siempre fui de seguir el camino recto ahora me pierdo entre tus curvas y a tu velocidad, aunque ya casi no avanzamos porque has decidido pisar el freno por tu cuenta.

Me siento una niña echando de menos algo que no debe queriendo rozar la madurez cuando todavía no se le ha caído ni su primer diente de leche. Nunca dejaste de ser generoso en tus palabras de amor, ni exacto en tus promesas pero siempre has sido impreciso en tus predicciones y por fin nos damos cuenta de lo cobardes que fuimos colgando el hábito antes de usarlo y esa espada en la pared de una habitación que ya nunca va a ser la nuestra, nosotros que hemos presumido de arrugar tan pocas sábanas porque siempre buscamos enamorarnos antes de entregarnos por completo.

Dime si la esperanza es lo último que se pierde ¿qué cojones hemos perdido nosotros primero? ¿qué nos queda por perder? Y… ¿por qué mi boca ya no sabe a ti?

Dime qué opciones tuvimos desde la primera letra que me regalaste, que te dediqué, si siempre fuimos dos ceros jugando a soñar que algún día podrían sumar uno. A qué clavo ardiendo debo agarrarme sin quemarme las manos para no caer otra vez.

Cómo voy a lucir este traje de luto bajo trinchera si la única guerra que merecía la pena eras tú y ya la doy casi por rendida.

Dime cómo hago ahora para quedarme con la poesía si te llevaste todos mis poemas, cómo brotará de nuevo mi inspiración si has dejado la fuente seca.

Dime que nos queda por ganar si no hemos hecho más que perder el tiempo y las formas bajo capas de un destino que diseñamos a medida sin patrón. Y jugamos a ser héroes de un cuento dos tallas más grande, pensando que lo mejor está siempre por llegar y yo, aún lo sigo creyendo, no sé tú…

Quédate esta noche, amor y hagamos de estas horas un racimo de esperanzas, déjame verte sonreírme con los ojos una vez más y abramos de par en par las ventanas para que el amor no tenga vía de escape por la puerta y le dé el mismo miedo que a ti de saltar. Tápame la luna con las yemas de tus dedos y no dejes que me pierda un solo poro de tu piel sin besar.

Me gustaría recordarte amor, que en este metro cuadrado de sudor aún cabemos los dos y que no hay aliento ajeno que sea digno de mi boca sino el tuyo y que si dejo algún día mis huellas marcadas en tu espalda, es para que puedas encontrar el camino de vuelta después de haberte perdido conmigo o tal vez… quieras quedarte para siempre.