Qué nos queda por ganar

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Recuérdame amor, por qué mis párpados se han quedado anclados a esa sonrisa que oí pero que nunca he tenido el placer de ver, por qué mis mareas ya no se rigen por la luna desde que la eclipsaste con tu lengua y por qué soy incapaz de trazar el mapa que conduzca a mi tesoro por más que me empeñe.

Esta mañana he vuelto a pensar en ti y me ha costado deshacer otro de los nudos que se han formado en mi garganta, aunque he de reconocer que de tanta maña cada vez necesito menos fuerza.

Sigo siendo esa idiota que prefiere presumir de haberte perdido que llenarme un vaso con el peor de los whiskys y sentarme al fondo en la barra del bar a explicarte por qué me pesa más la vida que los años y por qué tengo miedo a todo y no hago nada; porque ésto no es la primera vez que me oyes decirlo y es cierto, estoy acojonada de hacerte preguntas y dejar de aparecer en todas tus respuestas, de que mi miedo a perderte tome el mismo cuerpo que esta copa que ahogo entre mis manos y muerda el único hilo que une mi guión a tu final.

Sigo dándole vueltas a todo, amor y aunque siempre fui de seguir el camino recto ahora me pierdo entre tus curvas y a tu velocidad, aunque ya casi no avanzamos porque has decidido pisar el freno por tu cuenta.

Me siento una niña echando de menos algo que no debe queriendo rozar la madurez cuando todavía no se le ha caído ni su primer diente de leche. Nunca dejaste de ser generoso en tus palabras de amor, ni exacto en tus promesas pero siempre has sido impreciso en tus predicciones y por fin nos damos cuenta de lo cobardes que fuimos colgando el hábito antes de usarlo y esa espada en la pared de una habitación que ya nunca va a ser la nuestra, nosotros que hemos presumido de arrugar tan pocas sábanas porque siempre buscamos enamorarnos antes de entregarnos por completo.

Dime si la esperanza es lo último que se pierde ¿qué cojones hemos perdido nosotros primero? ¿qué nos queda por perder? Y… ¿por qué mi boca ya no sabe a ti?

Dime qué opciones tuvimos desde la primera letra que me regalaste, que te dediqué, si siempre fuimos dos ceros jugando a soñar que algún día podrían sumar uno. A qué clavo ardiendo debo agarrarme sin quemarme las manos para no caer otra vez.

Cómo voy a lucir este traje de luto bajo trinchera si la única guerra que merecía la pena eras tú y ya la doy casi por rendida.

Dime cómo hago ahora para quedarme con la poesía si te llevaste todos mis poemas, cómo brotará de nuevo mi inspiración si has dejado la fuente seca.

Dime que nos queda por ganar si no hemos hecho más que perder el tiempo y las formas bajo capas de un destino que diseñamos a medida sin patrón. Y jugamos a ser héroes de un cuento dos tallas más grande, pensando que lo mejor está siempre por llegar y yo, aún lo sigo creyendo, no sé tú…

Quédate esta noche, amor y hagamos de estas horas un racimo de esperanzas, déjame verte sonreírme con los ojos una vez más y abramos de par en par las ventanas para que el amor no tenga vía de escape por la puerta y le dé el mismo miedo que a ti de saltar. Tápame la luna con las yemas de tus dedos y no dejes que me pierda un solo poro de tu piel sin besar.

Me gustaría recordarte amor, que en este metro cuadrado de sudor aún cabemos los dos y que no hay aliento ajeno que sea digno de mi boca sino el tuyo y que si dejo algún día mis huellas marcadas en tu espalda, es para que puedas encontrar el camino de vuelta después de haberte perdido conmigo o tal vez… quieras quedarte para siempre.

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