Echándole cuento a la vida

10933903_10204757314366360_1483148958432187562_nHay veces en que tropezamos sin querer con piedrecitas invisibles,obstáculos diminutos que te hacen frenar en seco y pensar si te has equivocado de sendero otra vez.Entonces te das cuenta de que variar la trayectoria es la más sabia de las decisiones y sujetas fuerte el timón porque amenaza tormenta, una de esas que sólo va a dejarte con arena en los bolsillos y piedras en tu tejado, pero te compensa el chaparrón por un trocito de calma.

Crecimos a la misma velocidad que nuestras mariposas, hasta hacernos tan grandes que mi corazón se negaba a seguir latiendo porque ya no cabían más recuerdos tuyos en mi pecho. Te dije si a casi todo y tú no me negabas nada. Pasé de hormigueo a cosquilleo y de ahí, casi sin darnos cuenta, a necesidad. Fui tu plan A, tu montón perfecto, la luz de ese faro que ilumina tu laberinto y te hace fácil llegar al centro de todo lo que realmente importa.

Jugamos a dejarlo todo hasta quedarnos sin nada y nada es lo que tenemos cuando observamos el hueco que nos falta por rellenar. Nos quedamos vacíos como un volcán sin lava ardiendo, como una copa sin vino, como una puta sin una polla que llevarse a la boca por un puñado de billetes sucios. Soñamos con Argentina, Nueva York o Brasil, con esa chimenea en los Alpes dispuesta a guardar nuestros secretos bajo la manta, porque de tanta grappa y de tanto frio, nuestros cuerpos acabarían por pecar de la manera más natural pero de la forma más obscena.

Vivía el día a día esperando la noche, ese momento en que solos intentábamos arreglar nuestro mundo a base de triunfos y metas. Quizá falló el ingrediente principal, quizá las ganas por comerte el mundo menguaron a medida que creció tu indecisión y yo no supe dar con la llave adecuada aunque aún conservo todas las copias, quizá con la esperanza de poder abrir otros corazones menos blindados que el tuyo.

Ahora busco mi reino entre tanta ruina, porque me niego a dejar de ser la reina de esta fiesta llamada vida, mi castillo de arena desde el que poder verte despertar cada mañana, mi mar atrapado en esa caracola que es tu boca cuando me susurra “tranquila, todo saldrá bien”, mi pequeña capilla perdida entre el verde de mis raíces y el sabor de tu acento donde planeamos decirnos SI sin dudar ni un segundo.

Préstame ahora tu saliva para mojar en ella mis dedos y poder pasar así la última página de mi mejor recuerdo. Cerremos este libro de un portazo y comencemos de nuevo a vivir, pero prométeme que esta vez le echarás un poco más de agallas y menos cuento, porque las princesas a veces… preferimos el coraje a los sueños y vivir cierta dosis de realidad.

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