Nota:

Voy  a bailar esta noche hasta que se me pasen las ganas de quererte…

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Refugio

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La incandescencia de mis pensamientos se subyuga ante tu pasividad por un ataque de ira, por un gesto carente de significado, vacío como tantas veces últimamente, como corrupto e indigesto al tacto de mi pereza sobre tu desgana. Cansancio, rutina, espacios en blanco que fluyen sigilosos a tu percepción de tonalidades intermedias. Mi aliento revela una saciedad que desconocía y juguetea al borde del abismo a sopesar los pros y los contras, haciendo malabares con esas decisiones que se divisan tan poco nítidas como tus actos de perdedor resignado.

El transcurso de esta existencia que protagonizo se reboza en silencios mal pronunciados y repetitivos, en palabras huérfanas de ansia en la clandestinidad de tus monólogos sin razón, ni freno, en sospechosas inquietudes surgidas de lo incierto del mañana, en maleables caprichos, en imprudentes ojalás de corazón y de cerebro anoréxico por falta de alimento. Los poros de mi piel repelen tu presencia y se desdibujan inquietos al roce de tus pupilas inyectadas en malos presagios, en intenciones de doble moralidad, en desprecios gratuitos, en sed…

Necesito ahogar mis gritos en tu garganta, hidratarme de nuevo con tu veneno, beber de tu sangre hasta perder el control sobre mi propia saliva y recorrer tu traslúcida estampa de principio a fin. Me arroparé con tus reproches como si fuesen mi único hogar, mi refugio olvidado, mi rincón recuperado, mi excusa para no perderte. Me haré hueco entre tus olvidos y dormiré sin reparos sobre tu falta de tacto, sobre esas manos que intentan balbucear verdades como puños sin conseguirlo. Me rendiré ante tu voz apagada cuando la alces para enfatizar tus ardientes deseos. Me mecerán tus sabios consejos de malnacido, arrastrándome a un estado de paz por descubrir que me ciegue, que me turbe, que me convenza de no abandonar este nido, que responda a mis cuestiones y me haga olvidar que estoy aquí por ti.

Mi huella

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Quiero que tu mentira
sea mi única verdad
y tus sueños,
retales rotos
sobre un mantel mojado.
Quiero que mi recuerdo
sea tu huella en la espalda,
y que esa huella
sea la marca imborrable
que permanezca para siempre
en cada latido,
en cada poro,
en cada rincón de tu corazón,
hasta que de tu boca
salga el último aliento.

Instantes y momentos

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Me conformo con esos momentos
que me regalas sin querer…

Como cuando te sujeto fuerte de las agallas
para verte respirar de cerca,
en esas tardes cobardes de cerveza sin alcohol
y besos pendientes,
en esos instantes en que conviertes pereza y miedo
en momentos a tachar.

Como ese azote en la ingenuidad
que hace que se te salten los ojos y las lágrimas
y el rimmel haga maratón sobre tu rostro,
cuando me dices que el cielo puede esperar por mis alas
porque me necesitas en tu infierno.

Como cuando vibro dentro de tu abrazo
y tus latidos callan mis silencios
con esa necesidad sorda que palpita entre mis piernas
y crece sin censura, ni mesura, entre las tuyas.

Como cuando tus caricias asoman por la puerta
sin haber concertado cita previa con mi piel
y yo hago como que no las veo porque te gusta el juego,
hasta que las empiezo a notar. Y entonces te paras,
me miras, me dices te quiero sin hablar
y yo me rindo a un tacto para el que no he sido entrenada.

Como los pequeños instantes en que tropiezas
contra esa indiferencia de hormigón blanco,
que aún habiendo aprendido a no caer en saco roto
se quiere colar por mi ventana.
Y la reto clavando mi azul en su punto más débil
y se deja morir
porque también ha aprendido a querer sin mirar.

Uno de esos días

calendario31Hoy es uno de esos días en que el invierno se arrodilla a tu lado para pedir perdón,
y te mira sin prisa, lento y despacio;
con esa mirada de brisa que te hace tiritar la memoria y congelar el corazón.
Y tienes razón, sólo se tarda un beso ciego en hacer que mudes la piel de cobra,
pero a veces ser valiente no es una opción sino un imposible.
Hoy es el día de sentarse a esperar palabras bien vestidas, de esas que llevan tacón y encaje,
de esas que te dejan las mejillas impresas de carmín y bañadas en perfume.
Y claro que me gusta deshacerte en halagos
y desnudarte con mi poesía encendida y mi razón en llamas
y besarte por sorpresa cuando piensas que has perdido el tren.
Hoy es el día de brindar porque “algún día” no se convierta en “jamás”
y porque los “peros” sean excusas para empezar de cero.
Hoy será uno de esos días
en que mire al cielo sin esperar nada a cambio
porque lo que tengo es mucho más de lo que merezco.