Mi nido vacío

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Aunque me vuelves loca aún estando en mi sano juicio,
no puedo pasarte de página, ni cerrar el libro.
Aunque no tenga motivos que seduzcan mi flaqueza,
ni más razones para naufragar entre mis propios miedos
que canciones para continuar remando hasta la orilla,
no puedo dejar de pensarte ni un segundo.
A pesar de carecer del menos común de los sentidos
y de porqués razonables a cuestiones inexplicables,
no puedo vivir sin el sabor de tus promesas,
de tus vagos intentos de no perecer en un océano
repleto de caricias mojadas y besos que saben a menos
cuando su sonido se pierde entre las rocas.
Ahora que sé lo que es tener el síndrome del nido vacío,
de una soledad regalada que no se asusta ante nadie y ante nada,
de un corazón que late tan despacio como mis recuerdos y
que ríe el último porque no quiere ser el primero en tus descartes,
de unos pulmones que se cruzan de brazos para no echarte de menos
y de un pecho sin dueño que reclame su propiedad,
vengo a darte tu respuesta, tu argumento, tu motivo,
vengo a darte la razón para que puedas seguir sintiéndote vivo
y es mi SI lo que buscabas y es mi SI lo que nunca te negaré.

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