Como un bicho raro que te desea

20090228174353-mi-luis-royo-p2-020-jpg-5b1-5dComo un bicho raro, que no entiende de melodías prohibidas, desdibujo tus ensoñaciones con merecidos desplantes. No es necesario que calles tus deseos con tristezas de viuda egocéntrica, ni que desnudes tus anhelos con la misma pulcritud con que me observas cuando intento hacerme un hueco entre el gentío; cuando me quedo para ver como las llamas devoran lentamente un atardecer que no me atañe. Cierra los ojos y siente como nuestros cuerpos se funden en uno, escucha los latidos de tu venganza a mis insinuantes curvas que merecen ser mancilladas con tu saliva, saborea la libertad que supone estrechar mi figura con ataques de ira contenida y ese hormigueo lascivo que sube desde las plantas de los pies hasta tus osadas manos que no entienden de fronteras y se limitan a explorar el terreno con la cautela de un aprendiz. Bailemos hasta que digan basta tus músculos…

He de mudar mi sonrisa para el otoño por una mueca más ecológica; he de recomendar un buen corte de pelo a tu necio egoísmo para que puedas dejarte llevar; para que te arrastres por la simpatía que desprenden mis decisiones tomadas en un impulso y permitas a tu imaginación pasearse como si nada entre el surco de mis pechos desnudos. Eres tan sumamente especial, que me revienta reconocerme prisionera de tu endiablada figura, de tus idas y venidas, del suave viento que mece tus finos y enredados pensamientos, de tu gélida voz cuando me hablas de insignificancias que no vienen a cuento. No tengo tiempo, no quiero esperarte de nuevo en esta habitación sin fin. Sin tenerte no me permito acortar distancias entre lo que pretendo y lo que esperas de mí. Te pertenezco aún sin saber quién soy realmente porque a pesar de desconocer el origen de mis ensoñaciones, me desarmo al paso de tus caricias…

Soy un bicho raro pendiente de tus manías, esperando una señal que me diga que no soy lo suficientemente raro como para compartir los manjares de tu cuerpo, como para elevar tu voz hasta ese jadeo profundo que desgarra tu garganta, como para conducir a cada uno de tus poros hasta la extenuación, como para ser pretendiente de tu sabios placeres, de tus gemidos sordos, de tus escalofríos calientes, de los suspiros que se lanzan sin paracaídas desde tu boca para estrellarse entre las sábanas recién lavadas. Recuerdo tus espasmos contra mi olvidado torso, mientras viajo con la mente a través del tiempo y el espacio que separa tus caderas de mis malcriados caprichos. Eres tan especial y yo tan bicho…

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