Alegato

mazo_getty_26082013_0Comparezco, ante mi misma, para recordarme que pensarte es un derecho subjetivo inherente a mi capacidad de amar; un derecho que también me he ganado vía contenciosa contra el olvido y que no prescribe por más que transcurra el tiempo. Me encantaba subirte la camiseta hasta lo más alto de tu ambición y ver tu torso esculpido a base de triunfos y derrotas para inventarme pecados mortales a tu lado y caer de nuevo en esa tentación que rozaba la ilegalidad. Tenías ese don innato para encadenarme a tus palabras y regalarme mariposas en plena madrugada, cuando ni los bostezos se habían despertado. Ya son sólo recuerdos que han entrado en fase de liquidación y, esta vez, no voy a participar en la subasta.

A pesar de ser yo misma, víctima y verdugo en todas las controversias que se sustancian aquí, en mi pecho, no dejo de esperar un fallo a mi favor. Y aunque me había declarado insolvente en canciones de amor, esas que hablan de historias fallidas y corazones rotos y tuve que acudir al turno de oficio en una vida que siempre me salía a pagar, ahora que tengo recursos me niego a emprender acciones para no perderte. No mereces que te absuelva por calumnias porque ya no aceptaré tus fianzas bajo falsas promesas a medio plazo.

Hablo de principios más que de costumbres. “Todo lo que sueñes podrá ser usado en tu contra”, me dijeron y yo, que hice caso omiso, me sentiré culpable hasta que deje de soñarte. Eres el fundamento 3 de mi sentencia de muerte y sobra toda conclusión final cuando los milagros son inadmitidos a trámite. Y no hay juez capaz de votar en contra de tus miedos cuando los ocultas bajo esa presunción de inocencia. Y no hay eximente aplicable a tu cuento, ni atenuante que redima tus defectos. Deberías alegar demencia si quieres evitar perder tu libertad, si es que algún día te sentiste libre, y terminar en un calabozo con más pena que gloria y mucha menos luz que la que te daban mis ojos con cada te quiero. Ya no seré esa celda en la que cumplas tu cadena perpetua, ni ese castigo de sabor dulce y tacto sedoso que sancionó a tus manos a vagar por mis rincones en sombra.

Eras mi medio de prueba documental capaz de poner en horizontal cualquier verdad absoluta que saliese de mi boca y levantar la falda al falso testimonio que escondía el centro de mi cuerpo cuando se negaba a ser tu arma del delito. Sabes que tenías mi complicidad garantizada y ahora te lamentarás de que ,yo misma, te la haya expropiado por un precio desmedido. Y aún no ha nacido el abogado capaz de sentarte a declarar en mi contra, ni de ganarle un juicio al azul de mi mirada por más que reincida en provocarte escalofríos o en robarte sonrisas con premeditación. Todavía no he dejado de quererte y esta es mi penitencia a saldar, pero no dudes que es sólo cuestión de tiempo que te relegue al último cajón. Esa será tu condena, esa es ahora… mi última y mayor pretensión.

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3 comentarios sobre “Alegato

    1. La belleza también está en la tristeza y hay que experimentarla para valorar la felicidad como se merece. El amor nunca tendría la misma fuerza sin el desamor.
      Me alegra ser fuente de suspiros femeninos, jajaja. Cuando consiga hacer suspirar así a los chicos, me retiro!!! 😉

      Le gusta a 1 persona

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