38

04238 sólo es un número aprendiendo a nadar en un océano de tiburones con caderas anchas, la falda demasiado corta y los labios teñidos de besos.
Dos dígitos a los que les están entrando las prisas por empezar a jugar al escondite oscuro con el calendario y por llenarse los bolsillos de adolescencia.
38 son las veces que he pensado que debo dejar de pensar.
Que no todo tiene nombre propio y que lo correcto no siempre cruza los semáforos en verde.
Es la talla de mi presupuesto en sonrisas por regalar sin envolver y la medida con la que baremar intenciones que todavía desconozco.
38 es la excusa perfecta para brindar con la misma copa y beber de un trago el presente que a veces sabe a déjà vu.
Y es la cifra que me recuerda que he besado más nombres que bocas o quizás, fuese al revés.
38 es mi apuesta al doble o nada con las ganas de comerme a bocados los próximos doce meses sin pausa para tomar aliento.
Es la cantidad de primaveras que me han visto echar raíces en tierra ajena y a veces, sacar los pies del tiesto más por rebeldía que por convicción.
Y es la suma que mañana me dará los buenos días con alguna arruga de más y algún sentimiento de menos y le sonreiré porque me acaba de recordar a un poeta.
38 son los besos que tendrías que robarme a punta de lascivia y por la espalda para aplacar mi apetito y aún así estoy segura de que hoy, en mi día, me quedaría con hambre
Y es el calibre de mi ambición que ya sabe por dónde debe pisar para esquivar los charcos.

Tengo sólo un deseo en la recámara: Tú. Y esta vez… Voy a disparar a matar!

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El océano de mis ojos

IMG_20150705_195736Olor a mar,
olor a casa,
olor a hogar…

He perdido tu huella sabor a lágrima
entre los peros de mis poros
pero todavía conservo tu aroma en cada sueño despierto.
No hay deseo que escupa al aire
en el que me falten tus olas o
me sobre tu calma de espejo en el que se mece la luna,
esa que solías pedirme y yo jugaba a regalarte.

Es tu inmensidad la que nos roba la vida
con la misma facilidad con la que nos arrancas el bikini de una dentellada
y, casi siempre, la promesa de regresar extraviando en tu horizonte nuestra mirada.
Tu seno de humedad es cómplice de encuentros furtivos donde las manos pierden la decencia,
de disimuladas extinciones de cuerpos en llamas que buscan ser ceniza apagada
y de tentaciones hundidas cuando el sol permuta su puesto con las estrellas.
Tus idas son susurros mojados lamiendo coños sin saludar,
y tus venidas pequeños orgasmos intermitentes de espuma blanca y sabor a sal.
Te llevo tatuado en mis ojos desde ese día
en que te vi llover sobre mi espalda empapada,
y desde entonces te saboreo
cada vez cierro mis ventanas al mundo y parpadeo.

Olor a mar,
olor a casa,
olor a hogar…

Anche io

besandola-por-primera-vezPara mí la vida es ese lapso de suspiros que se corren después de que me hayas llamado cariño una vez más; es ese mirar de reojo y ver venir tu boca hacia mi cuello, como un dardo certero que sabe dónde tiene que apuntar para dejarme temblando de dentro hacia fuera; es el goteo de segundos que resbala por tu espalda desde que te digo que te amo hasta que me respondes el título de este poema. Llevo la primavera a cuestas y todavía no consigo saber qué pesa más, si tu ausencia o mi debilidad. ¿Cómo olvidar tu aroma si has rozado con tu saliva cada verso que compongo? ¿Cómo partirte en mil pedazos si eras mi TODO indivisible jugando siempre a quererme como nunca? ¿Cómo negarte el pase a mi memoria si todas mis claves son combinaciones de tu nombre? A veces me gustaría volver a perderme en tus rincones, esos que me invitaban a desnudarte sin quitarte la ropa y desaparecer dentro de ti para entenderlo todo de una puta vez. Te quiero hasta cuando me rompes. Y aunque me hayas dejado tan vacía como una botella de Glenfiddich en esas tardes dónde las excusas para beber tienen menos vergüenza que mis ansias por tocarte, no puedo dejar de pensarte. Pronúnciame caricias como antes y haz que emprenda vuelo y toque el cielo. Regálame ese trocito de muerte por placer en vida con el tacto de tus verbos y la destreza de mis manos. Siempre has sabido qué teclas tocarme para que destile orgasmos sin desafinar ni una sola vez. Hoy es una de esas noches en que tu lado de la cama me pregunta por qué te has ido sin haber estado pero yo… sólo quiero que regreses, una y mil veces, de dónde nunca te has marchado.

Uno de esos días

IMG_20150706_200313Hoy es uno de esos días en que echarte de menos no admite protesta,
porque no hay juez capaz de callar el murmullo del mar de mis ojos
cuando son todas mis mareas las que deciden llorarte otra vez.
Es uno de esos días en que mis manos recuerdan pesarosas,
ese tacto ciego que las enloquecía con solo imaginarte.

Caigo, si, una y mil veces por no poder esquivar mi lado más humano,
cuando soy sólo un proyecto de recuerdo aprendiendo a gatear en tu memoria.
Ya no me interesa aprender a andar y poder salir así de tu mente
con los tacones puestos y bajándome el vestido,
prefiero que sigas desnudándome como siempre
desde la punta de mi miedo hasta el rabillo de mi corazón esquivo.
Quiero que subamos de nuevo al séptimo piso de un cielo
por el que he tenido que hipotecar mi sonrisa
y, a pesar de tu prematuro vuelo,
sigo pagando con lágrimas sin numerar.

Como siempre me decías,
hoy es uno de esos días
en que quiero echarte de menos a rabiar.