Desayunar(te)

meus instantes br bite2Amanecí entre tu piel, ese refugio donde me gusta esconderme de la luna cada noche
y apoyarme en cada cuesta arriba para no perder el equilibrio.
Llevabas puesto el intermitente en la boca porque sabes que es mi despertador favorito
y como cada día cediste el paso a tu erección adulta.
Eres mi tentación inevitable y el diálogo sordo que me atrapa cuando me mira de lado sin querer.
Así no puedo evitar incumplir esa norma de sólo cinco minutos más.
Desde que estoy contigo han fallecido todas las reglas.

Próxima estación: Ventas y todavía guardo tu sabor en mi lengua.
Entre bostezos me relamo el recuerdo y, como un búmeran, regresan a mi mente tus ganas tempranas de saliva.
Me encanta vestirte despacio la desnudez pero, ahora,
necesito abortar esta sonrisa de boba antes de que provoque incendios en mis aceras e inundaciones en mis bragas.
Voy vestida de pereza larga hasta los pies y no me ha dado tiempo de lavarme tu orgasmo entre los dientes.
Quizás mi pelo enmarañado vaya dejando pistas calle abajo de que esta mañana te he devorado la conciencia
y devuelto a la vida de esa forma que hace florecer envidias en jardines solitarios.
Puede que mi tacto se siente, una vez más, en tu regazo
y ese olor a mí que llevas entre los dedos se quede en el volante cuando te comas el atasco,
pero aún así no podrás evitar que la risa te adelante
cuando veas lo bien que te sientan mis caricias por el retrovisor.
Te encanta vestirte con mis roces cada mañana y hoy,
ni siquiera nos ha dado tiempo de mojarnos bajo la lluvia.
Me sabe a poco la sensación de no lavarme tus huellas,
cuando pienso que debimos robarle horas al sueño para decirnos te quiero con más calma.
Esta noche cenaremos sólo el postre.

Pagaría otro billete de metro para volver a desayunar(te) de nuevo
y fruncirte el ceño con fantasías que no logres razonar.
Y tú, que siempre has sido de buscar la lógica bajo los tejados
y de enfocar el quinto pie a todos los gatos con los que te cruzas,
estoy segura de que no opondrías resistencia cuando mis labios rocen de nuevo tu sur
y tu brújula deje de marcarte para siempre el norte.

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