Cuando sepas de mí…

IMG_20150815_015002Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste sin querer, en una de esas casualidades que se tropiezan con los sueños y se convierten en protagonistas; ni que estuvimos juntos, tanto como no lo están muchas parejas; no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser también por ti. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan de verdad ni tan cierta. Te tomarán por loco, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir a delante, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar el presente para que se muera en pasado.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe; hazlo como si no te cupiesen más trocitos míos en el pecho y jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue de una forma tan precisa como exacta. Y así, poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes por eso. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas y no dudarán en arrojarte mis triunfos a la cara. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo, irreal. Yo no quería ésto, porque esté bien o mal siempre será la opción que yo no he escogido.

Qué sabrán ellos de tu alegría o de tu tristeza. Yo, que las he tenido entre mis manos y que las pude tutear como quien tutea a la vida, quizás. Pero ellos… no, nunca lo entenderían si jamás han notado el aliento de tu palpitar en la nuca, ni el deseo de traspasar tu acento con la punta de la lengua.

A lo que voy,
nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe imaginarlo, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creí resuelta por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si por el resto de tu vida. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que le acaba cediendo un modesto sí a un no prepotente.

Pero tú, amor, aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal y que yo no me entere nunca de que tu mirada llueve y me llevé tu paraguas.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no darles portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acoja, los escuche y les dé ese calor que imploran para sentirse como en casa. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue; son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención por unos minutos.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste alejarte de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta (por aquello de hacer la lista finita) que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo jugamos a poder con todo pero que, al final, sólo yo soporté el peso de nuestros sueños. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el peor de los finales.

A partir de ahora, tú tranquilo, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres para preguntarte por qué has dejado que la bola creciese tanto hasta reventarte en la cara y con los que no te atreves a besar por miedo a que yo me de cuenta de que no es a mí. Siempre estuvimos conectados.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonto y disimula.

Hazles ver que me olvidas y háztelo ver a ti también.

Y, de verdad, me acabarás olvidando.


¡Te lo prometo!

(y yo… siempre cumplo mis promesas)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s