Queridos RR.MM.

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Siéntate —me dijo Gaspar clavándo en mí sus pupilas oscuras mientras mi azul se perdía en su ajustado turbante— y yo le hice ver que mi nuevo “yo” ya no espera nada de nadie, ni de nada. Es así cómo se debe afrontar la incertidumbre de nuestra historia, aunque a veces sea tan previsible como esos bostezos de madrugada que te quitan la ropa con la pereza bien incrustada en la garganta.

Mi versión mejorada se lava la cara, se cepilla los dientes y se arrastra hasta una cocina huérfana de ese olor a roscón que asedia, sin compasión, cada hogar en estos días. El propósito de convertirme en una escultura de Juan Matías Riera no se va a ver obstaculizado por mi falta de compromiso. Más que fallarme a mi misma defraudaría a mi creciente club de fans, aunque esto lo diga con la boca en minúsculas y el modo irónico activado. Se ve que el karma ha recurrido en segunda instancia mi historial delictivo, ese en el que figuran todos mis homicidios sentimentales, mis calumnias involuntarias sobre personas a las que el adjetivo “humano” les queda dos o tres tallas grande y, en resumen, el conjunto de actividades provocadas por mi parcialidad maléfica y mi facilidad para cometer actos de pureza distraída. Alguien, en las altas esferas, ha debido condenar mi extenso curriculum y considerar que no me merezco al Ken. Será que todavía no he llegado al nivel Barbie sin recurrir a la cirugía pero… todo se andará. He ido coleccionando boletos para esa fiesta que celebra un tal Belcebú en los abismos y creo que ya tengo medio tacón dentro. No sé qué ponerme. Tal vez la opción sea sembrarme de dudas la conciencia y de miedos las intenciones y con lo que germine podría hacerme un traje a medida y ya estaría lista para caer. Sin embargo, he encontrado el mejor sastre de sonrisas que ha parido la genética. A veces se alinean los planetas para tropezar con lupas en este camino pedregoso que llamamos “existencia”, más conocida por el sector inconformista radical como “puta vida de mierda”.

Ni carbón, ni unos gramos de mirra, ni tan siquiera un “gracias por venir”—pensé mientras Melchor repasaba mis lunares con su dedo índice y yo constataba lo favorecedora que le quedaba la perilla —Esa hubiera sido la cosecha de mi calcetín esta mañana, si no fuese porque me dediqué a contar estrellas durante toda la noche. Tanta preocupación por mirarnos el escote y no nos damos cuenta de que, a pesar de ser ingratos nivel rascacielos, tenemos unas biografías más que envidiables. Hoy es un día más para valorar el mayor regalo que nuestras manos pueden soportar: la vida. Así que yo sólo pido que no me falten nunca cucharas porque voy a comérmela despacito (o rápido, según me pida mi anatomía y la efervescencia de mis hormonas en celo), saboreando cada segundo como si el mañana no estuviese inventado y poniendo a centrifugar mi historial después de un buen remojo en legía. Listo para volver a mancharse de tinta y de huellas: Capítulo 2016.

Y ahora, tras esta declaración de intenciones más poética y estética que práctica porque a la hora de la verdad muchos seguiremos malviviendo de tristes recuerdos, de conformidades utópicas jugando a ser fieles, de moralidades promiscuas que se distraen con la conveniencia que más les calienta, de manos que se refugian en el bolsillo cuando el prójimo necesita levantarse, de miradas para el otro lado y de sonrisas más diplomáticas que reales, de platos rotos en vajillas desparejadas, de envidias insanas o con síntomas de fase terminal, de venganzas a temperatura ambiente porque somos latinos y de cierta dosis de maldad con fondo, voy a examinar primero mi nevera y después mi conciencia y puede que, esta vez, sí me haga caso y deje que la poesía me invada para empezar a creer que todo, hasta las averías más graves y las heridas más profundas, tienen arreglo.

Baltasar me reta con su boca y las prisas se atragantan con mi propia saliva. Tengo que convocar una junta urgente, concluyo ante la atenta mirada de la leyenda hecha pectorales. Sus Majestades de Oriente me esperan para una reunión informal. Orden del día: Shhhhhhh…

Nota: No tengo todo lo que pido pero… si tengo todo lo que soy y eso, es mucho más que suficiente. Salud!

 

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