Me sobran los motivos… (o de cómo conocí a una rana felíz en una pecera de tiburones hambrientos)

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He conocido en primera persona al optimismo; a las ganas de vivir la vida como si la muerte tuviese los nudillos pegados a su puerta; al signo de las sumas con alguna dioptría de más y algún cm de menos; al querer es poder y a la conciencia recién duchada; a alguien que convierte penas de pladur en sonrisas de hormigón armado; a la naturalidad de sentirse a gusto con lo que se es y no con lo que se espera; al ansia por salirse del tiesto y reinventarse, cada minuto, porque las fronteras están para quienes no son capaces de ver más allá de su nariz; a esa improvisación que le falta algo de cuerda y le sobran motivos para respirar.

He visto, de cerca, a la sencillez de lo cotidiano envuelto en sorpresa y cara de susto; a quién no cuenta hasta diez porque prefiere perder la vergüenza que el tiempo; a la vitalidad sin subvenciones y al cariño sin edulcorar; a ese manojo de cosas por hacer que ha elegido ser ángel y que sueña con regalar alas a cambio de arrugas de felicidad a princesas con pies de barro; a esa ilusión madura que se niega a caer del árbol porque adora las alturas y piensa que el suelo es cuna de cobardes; al “porque sí” y al “porque ¿no?” vestidos de guiño y traje de flamenca; al corazón apuntando a las nubes cuando necesitas píldoras sin dorar y verdades que se dejen la puerta abierta.

Me he tropezado con la página en blanco de la tolerancia; con el afán por aprender de sí mismo y poder superarse; con ese latido imparable que puja por ser el primero en la lista de invitados a todas las fiestas; con las vistas a una playa llena de lluvia una tarde de julio pero con frío y tronando; con esa mano tendida que te ayuda a ponerte en pie y te empuja para que corras en la dirección menos equivocada; con esa exclamación de sonrisa infinita que sabe que los días son presentes envueltos en tachones y el futuro no se cuenta con los dedos sino con la esperanza contenida.

Me he encontrado con ese balón de oxígeno que no escatima en detalles; con el remedio a las excusas que no son más que arenas movedizas para blandos y con el filtro que pone brillo a mis días mate; con esa virtud para la que llegar a fin de mes es vaciarse los bolsillos de recuerdos vividos y llenarse la despensa de planes por hacer; con alguien con ton y son que contagia la enfermedad del “si puedo” y con esa farola encendida, veinticuatro horas, que ilumina todas las sombras del invierno.

P.D. Por muchas estaciones más viéndote llover pero de risa porque esta vida es de chiste y si tiene que acabarse… que nos pille siempre bailando!

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2 comentarios sobre “Me sobran los motivos… (o de cómo conocí a una rana felíz en una pecera de tiburones hambrientos)

  1. Jo, gracias David!!! Ya eres el segundo que me relaciona con el maestro Sabina (la primera fue Aurora) y, la verdad, es que me encanta (aunque no sé si lo merezco) 😉 Me alegra que lo hayas disfrutado, a veces una amistad te hace brotar con mucha facilidad textos como éste…

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