Recuerdos (by Eric)

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…Dicen que la prudencia es la mejor consejera…
…Imprudente seria no hacer realidad los deseos que de vez en cuando… se pasean por mi cuerpo a las horas en punto y por mi mente a las medias horas… me gusta tu forma de sentir, de expresar lo que quieres y lo que deseas que pase… y me encanta darte ese placer embotellado que salta en mil burbujas cuando rompes la anilla de la cordura…
Ese placer en todo tu cuerpo…..hará que vuelvas a la tierra satisfecha…cansada, inquieta y desconcertada, preguntándole a tu deseo cómo te has sentido….buscamos esa sensación salvaje, ese vacío en el estomago, ese eco de leyenda que creíamos olvidado y ahora ensordece nuestras almas… sin palabras…solo el deseo puro y duro… sin más…sin color, pero con sabor y olor al éxtasis del placer del otro…
Recordarás, como daban las horas… caían del reloj los minutos impregnados en la inquietud lógica de un segundo encuentro… Y notabas los pasos, el abrir de la puerta… Recuerdas como se aceleraba tu pulso? No sabias cómo me acercaría a ti….como seria el tacto de mi piel, la tensión de los músculos, imaginabas de nuevo mi espalda, recorrida por tus manos clavándome las uñas en un deseo de furia difícilmente contenido…
Sentiste mi presencia…. un silencio, una respiración, unas manos firmes…. Que empezaron a tocar tu cuello… resbalando hacia tu espalda, rozando el contorno de tus caderas suaves… Recuerdas como leí las líneas de tu cuerpo?, los poros de tu piel?….
Mientras sentías como mis labios iban inundando tus oídos….bajando hacia tu cuello y lamiendo el comienzo de tu espalda, mientras un soplo de aire frio recorría tu columna….mientras mis dedos jugaban con un rastro tibio de saliva sobre ti…
Te sonrojarás y seguirás inquieta, tensa … y aun sin vernos….seguirás recordando en tu cama la pasión con la que empecé a envolverte el cuerpo….

A contracorriente

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Me desperté con sobredosis de sueños y el alma subida al escalón más alto de tus tentaciones teñidas de sombras, en este viernes de sonrisa fácil y pudor perdido. Tengo las puntas tan abiertas como el corazón y me da la sensación de que el derribo es cosa de dejarse hundir sin excusas y que la razón por la que floto es porque carezco de señales de stop.

No me arrepiento de nada porque puedo con todo y el límite de mi locura está muy por encima de toda posibilidad de freno. Y bueno, es la forma en que maquillas tu rabia por sacar lo mejor de mí, que es lo peor para muchas líneas rectas, lo que me permite querer palpar tu envoltorio una y otra vez, romperte la cáscara sin más piedad que la que me suplican tus recelos, imprimirme tus huellas en cada hueco dónde han aprendido a bucear tus miedos y que la vida se ha encargado de deshauciarte previa amenaza de lluvia, dejarte llevar por la palabra amor sin más oferta que la que demandas, darnos cuenta de que esta ludopatía crónica que nos posee es tan inexplicable como infinita y seguir empeñados en remontar cascadas desde la base, en vivir sobre esa cuerda desgastada que se rompe cuando tu silencio pronuncia mi nombre real y en apostarnos todo el placer que rezuman nuestras vergüenzas al rojo de mis labios. Y no tenemos nada que perder porque ya hemos ganado.

Ábreme las puertas y empapa todos mis accesos con proyectos de humedad explícita, con sudores indómitos que me inunden la ilógica cuando crucen todas mis orillas y pisen mis charcos por puro hábito. Derriba mis puentes con esos susurros atrincherados en tu boca que un día fueron sustento de mis noches sin tacto y dime que a nuestro universo le falta mundo porque todavía no está de vuelta, pero que le sobran ganas de seguir girando a contracorriente…

Instantes (by Eric)

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Sabes bien cómo camino entre tinieblas, sabes que llegan antes mis ganas de ti que mi conciencia… mis besos antes que mis palabras, mis manos a tu esencia antes que mis pies a tu cama… Lo que no imaginas, es la medida de mis sensaciones furtivas, a medida que subo uno a uno los escalones que me llevan a tu oscuridad… el chirrido de la puerta al cerrarse conmigo y contigo dentro…

Esos segundos que invaden toda reacción lógica, porque sencillamente… esto es ilógico, loco, irreverente e inadmisible dentro de cualquier norma. El mundo gira en un sentido, siempre… hasta que dos seres en una mezcla de vanidad, locura y pasión etérea deciden darle la vuelta y pegarle una patada en la boca a la serenidad del buen hacer…a la calma que los mundanos lineales toman como ley.

En esos breves instantes que las yemas de mis dedos te prometen excursiones a lo desconocido, mi mente y mi cuerpo vagan por tiempos diferentes… unos exploran montañas abruptas dejándose caer a valles suaves con surcos húmedos, en la que deslizan corrientes de placer… instantes que me tomo la libertad de poseer, jugar y dominar, sabiendo que la oscuridad protege todo rastro de cordura…

Instantes que tu mano, arropa mi mano y me lleva a abrir tu ser mientras mi boca rompe la suavidad de tu lengua. Momentos que los movimientos fuertes y las fricciones llegan a desgastar mis huellas en tu piel.

Llevan mis manos escritas la parte más íntima de tus caderas… y con ellas desaparezco de las tinieblas para entrar en la vulgar luminosidad de lo normal… dejo tu puerta…bajo cada uno de los escalones, dejándome en cada uno, un recuerdo, un gemido y una caricia…

Tres

 

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Hace tres días que tu huella volvió a besarme con los ojos empañados,

y no encontró más que la desnudez de mis versos,

frotándose las ganas de inviernos contra tus paredes de asfalto mojado.

Hace tres vidas que te echo de menos

y no sé qué pie debo apoyar primero en el suelo,

ni cuantos segundos contar entre recuerdo y recuerdo

para que tu ausencia no me haga perder los papeles que recuperé.

Hace tres páginas que taché de mi memoria tus lunares

y que marqué con cruces cada sombra que no me habla de ti o… de mí,

o de ese nosotros a medio hacer que abortamos.

Hace tiempo que huyo de aeropuertos con vistas al mar,

de muelles con aires de cielo abierto

y de espejismos que invocan tu risa.

Hace mil besos que nada me sabe tan agudo

como la dulzura de cada sílaba que resbalaba de mi lengua

para estrellarse en tus ojos y dejarme la piel tan vendida.

Hace tres notas que los viernes me parecen preludios de tormentas que nunca llegan,

porque saben que los tropiezos en mayúscula,

son la mejor forma de aprender…

 

 

Mi lambrusco cavicchioli dell’emilia

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Su piel olía, en parte, a esa insensatez que desprenden las locuras más puras y, en parte, a deseo concentrado en un sólo objetivo: despertarme todos los instintos.

La tarde guardaba el secreto recelosa, como si su muerte dependiese de un paso a nivel sin señalizar y el tacto jugaba a reconocer sombras, entre suspiros exiliados en gargantas insatisfechas y escombros de historias muertas flotando en adrenalina. La respiración se envalentonaba al compás de arritmias de vértigo y ambos nos prometíamos caricias ilimitadas con caducidad programada, mientras nuestras lenguas remitían el cálido mensaje de una pasión recién nacida. Ávidos de sensaciones sin censura, nos mirábamos fijamente con las yemas de los dedos y aprendíamos cada rincón con la intensidad justa y la elegancia de saberse desnudar el alma antes que el cuerpo. Sentíamos traspasar la humedad de nuestras bocas en ese intercambio de opiniones impúdicas y devorábamos con ansia cada argumento que nos recorría los labios. Bebía de ti, de tus notorias agallas, de cada poro que se erizaba al roce de mis uñas. Mis manos buscaban tu placer con la urgencia suicida de quién se encuentra al borde de su propio abismo y tú sonreías, en la sombra, con las ganas afiladas y el destino soplando a favor.

Hicimos saltar por los aires todas esas alarmas que nuestro pasado introdujo en vena y dejamos paso al hambre homicida y a ese efecto anestésico que deja la propina más elevada. No quedaron centímetros sin bañar en saliva, ni razones vestidas, no hubo frenos que suplicasen treguas, ni gemidos en vano, sólo esa sensación tonta de embriaguez absoluta que te llevó a morir en mis caderas. Esa tarde cualquiera, en la que nos exprimimos los jugos de la victoria con la lengua, tejimos uno de los recuerdos más vivos de nuestra historia y cada brote de sonrisa que nos conduzca al mismo lugar, nos devolverá ese sabor incomparable a cavicchioli con el que tu boca salvó a la mía…