Brindis

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Brindo por…

esa cicatriz llamada septiembre,

por cada uno de los pétalos que deshojaste de mi alma,

por la muerte en vida y por la vida muerta

(a veces conviene morir despacio y volver a nacer)

por los musos que beben en copa de balón sin saber de fútbol,

por el desacierto de desesperarte en cualquier esquina bajo la lluvia,

por tu sonrisa cuando me ciega la razón y cuando no…

por tu tacto que me permite seguir perdiendo todos los juicios,

por las nubes con forma de dardo,

por otro Gin Fizz como éste,

por todas esas veces que me arrancaste la piel y no estaba el SAMUR,

por las madrugadas de sábanas sucias y balas perdidas,

por todas las estaciones de tu cuerpo donde deseo bajarme cada día,

por ese polvo bañado en corrientes de codicia,

por las mamparas de baño y todas sus huellas,

por los peros empañados y los cigarrillos sin fumar,

por cada una de las veces que me dijiste “ya está”

cuando todavía no habías ni empezado…

Y brindo por tus mareas reprimidas sobre mi espalda,

por el lado más ácido de tu sombra,

por cada letra que compone tu himno favorito, mi éxtasis,

por que sigamos nadando en lava,

y porque yo…

siga sin quemarme en cada una de tus erupciones.

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Un comentario sobre “Brindis

  1. Cuando nadie me ve, suelo perder mis dedos removiendo torpemente los hielos del Gin Fizz, es la única manera de sentir que estoy vivo… es mi curiosa manera de ver la vida a través del caótico estado del agua fría, muy fría, tan fría como esas noches que la soledad se gira, cuando se cruza contigo y te guiña un ojo…
    El sabor de la Hendrick´s seca degollándote el gaznate, se lleva para sí el aliento del último beso que diste ayer, del cual no queda nada…
    Solo la certeza de esta madrugada amarga y cortante, nos imprime prisa a las torpes almas que aun quedamos zombis, prisa por llegar de nuevo a nacer, para saborear el tiempo que tardamos en morir… Dicen los viejos “…Desearas siempre lo que no tienes y cuando lo tengas, lo perderás…”, y como un niño, lloras y olvidas en un rincón el juguete preciado que tuviste ayer entre las manos… creyendo que removiendo el hielo de tu vida algo cambiara, y el hielo, solo cambia cuando nace el fuego cerca, y tibiamente se hace vapor y desaparece, como tu ginebra desaparece sorbo a sorbo entre los labios en oscuros y sombríos bares de esta madrugada, que no es la tuya… sino solo prestada, porque tú, ya no vives.
    Siempre cruzas la mirada terca en tus adentros y recuerdas la miel de los labios perdidos, sientes hasta la húmeda caricia de la lluvia en la cara, aquella que resbalaba por su cabello torpe y revuelto mientras contabas una a una las farolas de vuelta a casa.
    Ahora, ya no hay casa, no hay lluvia… no hay vida, solo queda el ultimo destello de un neón azul reflejado en tu copa balón, y el tintineante duelo entre los hielos por saber cual se llevara tu último sorbo helado de esta madrugada prestada…

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