Utopía 2016

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De esa lista infinita de cosas que me quedan por hacer antes de morir, estaba la de disfrutar de un festival de música electrónica. Lo intenté con el Tomorrowland pero es demasiado complejo conseguir un pase si vives fuera de Bélgica y en reventa las entradas se ponen por las nubes, así que… me quedaba esperar al 2017 y volver a intentar conseguir una entrada o… buscar alternativas.
Un día, de casualidad, me tropecé con el anuncio de “Utopía” y tenía muy buena pinta. El sabor de una primera edición con el goloso cartel de dj´s se mezclaban en mi boca como un uno de esos malditos tragos de Jäger que no puedes parar de beber. David Guetta, Martin Solveig, Carlos Jean, Alesso… cada nombre propio era una razón de peso que me empujaba. Sin duda, tenía que ir. Compré las entradas con un mes de antelación y grabé con fuego la fecha en mi agenda: 4 de junio de 2016.
Llegó el momento, las ganas de bailar más que encendidas, algo de protección solar, un sombrero imprescindible, ropa cómoda y ligera y amigas, no hacía falta nada más… Welcome to the island!!!

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Estuvimos en el recinto desde las 15:00 horas hasta el cierre pasada la 1 de la madrugada. El cuerpo aguanta lo que sea cuando estás disfrutando de algo. La organización ha estado más que aceptable. Las únicas pegas, para mi, fueron el precio excesivo del agua; que había muchas zonas del campus con tierra y al bailar se levantaba bastante polvo y que había que pasar por miles de controles pero todos bastante superfluos, era muy fácil colar cualquier cosa en los bolsos o mochilas. Por lo demás, todo ok.

La moneda del festival era el token. Uno equivalía a 3€ (éste era el precio de medio litro de agua que se equiparaba al de una caña, cosa que no tiene mucho sentido)

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Como en la mayoría de festivales, al tener moneda propia se evitan los cambios erróneos y se cobra de forma mucho más rápida y ágil. Cada token podía partirse a la mitad para poder pagar cualquier cosa y evitar los redondeos abusivos. De todos modos, un festival sale caro. Entre el pase, la bebida y la comida, la experiencia no puede permitírsela todo el mundo, lo que fomenta  botellones en los aledaños para “ahorrar un poco en alcohol” y también que, en cierto modo, funcione como un método de disuasión de adolescentes y el público, en general, suelen ser personas que tienen ya cierta independencia económica.
Aún siendo la primera edición, había bastante gente de fuera de Madrid e incluso de España. Supongo que cuando lleven unas cuantas, irá creciendo en publicidad, multiculturalidad y, espero, que en infraestructura y diseño porque el escenario principal, el Vulcano, dejaba un poco que desear. Prometía ser un volcán de dimensiones superlativas expulsando lava de forma majestuosa pero sus erupciones estaban bastante lejos del asombro.

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Y ésta es parte de la fauna que te puedes encontrar en este tipo de eventos culturales. Gente sin complejos, despedidas de solter@s (como aquí el amigo maño enfermera zombie putón), mucho guiri con la marca de la camiseta grabada en la piel por falta de protector solar y dermis altamente sensible, alguna despistada con tacones (antes muertas que sencillas) disfrazados porque sí, escaparates de masa muscular y pasados de copas, drogas y rosca. En un aforo de 20.000 personas, la tipología humana es muy variopinta.

Sólo quería hacer unos apuntes breves de mi paso por este festival porque creo que merece la pena que se conozca y, con esto, contribuir aunque sea mínimamente a que crezca unos centímetros y se vaya haciendo más y más grande. Que se convierta en ese evento ineludible, al que acudir por tradición y por opción, y se den cita los imprescindibles de la escena electrónica con emblemáticas maneras de robarnos el ritmo del cuerpo.

Y aquí estamos, con ganas de latir a base de graves y los ojos inyectados en láser multicolor, fusionando las voces de una multitud hambrienta de fiesta, vibrando con cada decibelio vertido, invocando al contoneo hasta el amanecer y dejándose arrastrar por esa corriente politónica que nos roba la cordura y desata los instintos sin retorno, con la piel en ON para erizarse con cada nota, convertidos en muelles queriendo tocar las estrellas y en himnos que estremecen la vida… ¡¡¡hasta el 2017!!!

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