La humedad de tus recuerdos

lágrima

La humedad de tus recuerdos me arruga el alma,

me acartona todos los sabores a despecho sin parir

y me drena todos los charcos que hablan de ti sin mirarte.

Sé que vuelves a asomarte cada vez que tus latidos se paran,

cuando notas que la brisa se ausenta para dejarte a solas

en ese rincón que nos guardaba los secretos,

dónde desnudábamos las palabras hasta los huesos,

dónde mis preguntas eran tus derrotas y

tus respuestas esa droga que habitaba en mi boca,

justo antes de taparme los ojos con pactos cojos

y compromisos huérfanos de voluntad.

A veces tengo la sucia tentación

de enjaular tu memoria entre mis piernas

y esperar que se derrita hasta su total extinción.

A veces tengo la sórdida idea

de equidistar, en torno a mi ombligo,

cada gota de sudor que me empapa el pudor

cada vez que te siembro en mi almohada

y tu acento se rebela contra todos mis silencios,

contra mis sueños paralizados por falta de licencia

y es, entonces, cuando tu memoria vuelve

para hacerme de las madrugadas insomnios,

para recrearse en mi paladar y pasearse por mi lengua,

para jurar en vano sobre mi abdomen.

Y yo me ahogo la rabia en el contenedor del plástico,

porque abogo por los cuentos reciclados

cuando todos sus finales fallecen entre incógnitas.

Y moriré siendo esa huella húmeda

que empape tus mejillas cada 15 de julio;

esa que un día te hizo pintar futuros sin pincel

y construir castillos sin cemento

por falta de ganas, de agallas y de tiempo…

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