La humedad de tus recuerdos

lágrima

La humedad de tus recuerdos me arruga el alma,

me acartona todos los sabores a despecho sin parir

y me drena todos los charcos que hablan de ti sin mirarte.

Sé que vuelves a asomarte cada vez que tus latidos se paran,

cuando notas que la brisa se ausenta para dejarte a solas

en ese rincón que nos guardaba los secretos,

dónde desnudábamos las palabras hasta los huesos,

dónde mis preguntas eran tus derrotas y

tus respuestas esa droga que habitaba en mi boca,

justo antes de taparme los ojos con pactos cojos

y compromisos huérfanos de voluntad.

A veces tengo la sucia tentación

de enjaular tu memoria entre mis piernas

y esperar que se derrita hasta su total extinción.

A veces tengo la sórdida idea

de equidistar, en torno a mi ombligo,

cada gota de sudor que me empapa el pudor

cada vez que te siembro en mi almohada

y tu acento se rebela contra todos mis silencios,

contra mis sueños paralizados por falta de licencia

y es, entonces, cuando tu memoria vuelve

para hacerme de las madrugadas insomnios,

para recrearse en mi paladar y pasearse por mi lengua,

para jurar en vano sobre mi abdomen.

Y yo me ahogo la rabia en el contenedor del plástico,

porque abogo por los cuentos reciclados

cuando todos sus finales fallecen entre incógnitas.

Y moriré siendo esa huella húmeda

que empape tus mejillas cada 15 de julio;

esa que un día te hizo pintar futuros sin pincel

y construir castillos sin cemento

por falta de ganas, de agallas y de tiempo…

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Un comentario sobre “La humedad de tus recuerdos

  1. A veces la vida nos da de recuerdo, el pañuelo que un día utilizamos para explicarnos torpemente a nosotros mismos, la vida…
    Recuerdo una noche, madrugada calurosa donde ni las estatuas de la calle soportan el calor y se van a casa…
    Esas que no sabes si pierdes más sudor en cada paso o más ganas de ahogarte en vino malo…. Aquella noche elegí, como siempre lo segundo…
    De mi memoria fracasada a golpes de besos malditos puedo sonsacar un recuerdo…
    Caían las 3 de la mañana… todo me indicaba que aquella cena con vela y Lambrusco barato desembocaría en el más bello accidente de mi sexo entre sus piernas…
    A veces Cupido y Lucifer juegan al escondite sobre tus cenizas y solo te permiten esconder tu única carta, en tu única noche…
    Aquella era…sin duda… la noche…
    Se hace difícil resbalar palabras húmedas por las comisuras de unos labios secos de beberse el desierto, grano a grano perdiendo el poco valor que a uno le queda a esas horas, entre humaredas de antiguo tabaco y acordes de un piano maltratado por las mismas manos 20 años… Allí estaba toreando borracho de valor, intentado la muerte súbita de ese cuerpo treintañero con minifalda de tablas sabiamente hundidas en el centro…

    1ª parte

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