Restos del 9º naufragio

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Arrastro esa sonrisa desvelada a lo largo de las horas de un día que, como yo, no se detiene a esperar que la tomes de la mano y le prometas eternidades. Sabe tan bien como tú que para siempre es mucho tiempo y no quiere pedir limosnas. Mientras tanto pienso en todas esas formas en que intentamos resolver el puzzle de nuestros cuerpos y en cómo la madrugada desnudaba todo rastro de fatiga, dejando al descubierto sólo las ganas aceleradas por la inercia de un boca abajo tan provocador como prohibido.

Y te miro hacer autostop a mi aliento y agarrarte a sus curvas con la fuerza de un tornado que todo lo arrasa, con esa manía tan tuya de beberme el alma a sorbos largos y esa tendencia tan mía de creerme rehén de tu tibia irreverencia y adicta a todos tus ríos de tinta cuando desembocan en mi boca, cuando no puedes aguantar más y estallas rompiéndote en mil sobre mi pecho. Y te digo que me hagas verano con la escarcha resbalando por tus labios y tú, obediente, me susurras con ese tono de insomne atrevido palabras sucias que copulan con mis ganas de verte en blanco, rozándome el suelo con esa parte de ti incapaz de sentarse y mirar.

Y calculo inciertos en ese silencio que nos abriga los sudores, cuando tus manos me leen todas las metáforas que mi piel te brinda y despejo la niebla de tus zonas más grises para saciarte con recreos que tocan techo y van más allá de lo ilegal.

Mi cabeza ya no entiende de espacios vacíos porque tú rellenas cada hueco, ni de pozos sin fondo porque me has abierto los abismos, ni de tuercas pasadas de rosca porque tienen un número ilimitado de vueltas y jamás nos cansaremos de girar sobre sus ejes.

En mis labios todavía puedo notar los restos del naufrágio en ese océano que lleva tu nombre, el sabor de esos charcos de vainilla helada sobre tu espalda, la luz de una vela que intuye caricias sofocadas y ese fin del mundo escrito en tus ojos cuando te sumerges en mí y me atrapas la vida. En mis manos ya sólo queda el aroma de esos minutos en ON que destilas a tientas sobre mis caderas, de los gemidos que despilfarras cuando encallas en mi orilla, de tus avenidas que cruzo sin mirar y de todos los semáforos que me salto cuando te inyecto fuego en la garganta.

Y hoy, en esta madrugada vestida, mientras recojo todos los restos que me hicieron un poco más tuya… me pregunto cuándo volveré a naufragar…

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2 comentarios sobre “Restos del 9º naufragio

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