Tus nombres

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A veces te llamo suelo,

porque eres el lugar donde siempre me dejo la piel y me rompo los dientes.

Te llamo cielo, aunque no me gusta,

porque eres esa cometa que despliega mis ganas de volarte

cada vez que me das la espalda para dormir.

A veces te llamo en sueños, en llamas, en las nubes y en Babia;

te llamo de mil formas y sé que tú no vas a contestarme…

Lo ilógico sería que lo hicieses si ya no estás.

Con la mañana todavía pegada a la mirada,

te dedico mi primera sonrisa del día

para que sepas

que también existen silencios bonitos,

aunque no se prodiguen en mi boca,

que te dicen todo lo que necesitas oír sin palabras.

Esperar ser tu universo

cuando sólo soy ese trocito de cosmos que gatea por las vías,

deseando que no pase un tren que lo arroye,

es como seguirte de lejos con las pupilas bañadas en celos

y la razón oculta tras unas gafas sin graduar.

Estoy tan ciega queriéndote

que no se me ocurre mejor forma de autoengaño

que llorarte de risa cuando tu orilla parece separarse de mi piel.

Éste, es mi primer brote sin rima,

sin gracia, sin argumentos que te hagan regresar

y se ha quedado huérfano por no poder susurrarte al oído

que nuestras prisas eran el remedio

contra esa soledad que contagiamos de optimismo.

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