Diseña tu vida Part.III

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Todo el mundo, en mayor o menor medida, debería tener sueños. Pequeños o grandes alicientes que estimulan nuestro afán por superarnos y por lograr nuestra satisfacción. No debemos ponernos límites, ni fronteras. La mayor barrera somos nosotros mismos la mayoría de las veces y nuestro freno es el miedo a cualquier nivel.

Debemos, por tanto, trazarnos metas. ¿Cuál es la diferencia entre meta y sueño?

Una meta no es más que un sueño al que se le ha puesto acción, plazo, intención (Por ejemplo: Si mi sueño es ir a Japón. Lo convierto en meta desde el momento en el que empiezo a informarme sobre las alternativas que tengo para ir, me planteo el cuándo, con quién, etc… Cuando empiezo a realizar una serie de acciones medibles para conseguirlo). Los sueños son deseos, aspiraciones, anhelos y las metas son, básicamente, sueños programados sujetos a una intención firme de alcanzarlos, poniendo todo lo que está a nuestro alcance para su consecución y, sobre todo, echándole ganas. La clave reside en convertir todas esas quimeras que pululan por nuestra mente en objetivos realizados. Si no eres soñador… entonces, tienes un problema…

Nos han enseñado, desde niños, a que un fracaso es un fracaso, por eso mucha gente no sueña. Les entra la angustia si no alcanzan sus objetivos por lo que, directamente, no se los fijan por miedo. En EE.UU., comentó la ponente, si tu CV es perfecto no te contratan puesto que valoran los fracasos no como tales, sino como lecciones aprendidas. De aquí surge una de los pilares del desarrollo personal: “O SE GANA O SE APRENDE”. (Nunca se pierde nada porque nada poseemos, y esto enlazaría con las teorías del desapego, y nunca se fracasa, sólo se reciben lecciones valiosas que nos construyen como personas capaces de afrontar cambios, vencer miedos, derribar prejuicios y, en definitiva, formarnos hasta que dejamos de existir)

Un buen amigo me dijo una vez: “la vida será esa maleta llena de experiencias que vayas acumulando a lo largo de tu camino” Lo material no cuenta y cada vez lo tengo más presente, tan sólo las vivencias son las que nos aportan una satisfacción más duradera y una vida plena.

Hay otro esquema sobre cómo se deben procesar los hechos que nos suceden:

HECHO–> INTERPRETACIÓN–> PENSAMIENTO–> CREENCIA

No es el “hecho” en sí, soy YO. Si el hecho es positivo, genial, no pasa nada, nos alegraremos. Si es negativo, yo debo decidir si modificar mi pensamiento y mis creencias para que cambie la interpretación de ese hecho y me afecte de forma distinta. Cuando logro poder decidir cómo algo me va a afectar, es que he llegado al SER primigenio. Paciencia, constancia y perseverancia… nadie ha dicho que se logre de la noche a la mañana.

Existen varios tipos de programas que se identifican con la personalidad:

*Programa pesimista: (este programa todos lo llevamos dentro por defecto)
Tienen metas pero siempre piensan que les van a salir mal y cuando esto ocurre, se sienten hasta bien porque se reafirman en su negatividad.

*Programa realista:
Tienen metas pero éstas son muy alcanzables, nada ambiciosas. El hecho de lograrlas les produce gran orgullo y se regocijan en ello, vendiéndolas como si fuesen grandes logros. Esconden una sensación de agradar a los demás siempre y si fracasan se hunden, de ahí a que se pongan metas muy fáciles.

*Programa de los visionarios/valientes/locos/soñadores:
Se ponen metas increíbles, de esas que la gente critica. Tienen que tener una personalidad muy fuerte para obviar el qué dirán, las burlas, el desprecio y la falta de confianza y apoyo en que las logren. Son personas muy conectadas con su SER. Alcanzarán muchísimas más metas que el resto, aunque no las consiga todas.

El 95% de las personas están en programas realistas. Tenemos, no obstante, el poder de cambiar todo. Si decidimos quedarnos en el programa realista (aunque el ideal es el soñador) perfecto, puesto que ya estás decidiendo cuál es tu lugar y no estás en automático. Se trata de tener el poder de decidir dónde se quiere estar.

Con todas estas técnicas de coaching que están surgiendo y todos los estudios que avalan la plasticidad del cerebro, tenemos la constancia de que podemos variar nuestro pensamiento y, por ello, ser capaces de manejar nuestras emociones. Si no introducimos nuevos pensamientos, nuestro cuerpo entrará en modo automático. Si hago lo mismo las 24 horas del día, entro en una rutina que me impedirá experimentar nuevas sensaciones. Hay que cambiar, crear espacios diferentes, ser creativos y entonces, estaremos todo el día conscientes y la vida será más plena porque seremos capaces de fluir.

La conferencia finalizó con una breve referencia al liderazgo cuántico y a la comunicación que es, en resumen, muy mejorable. Ya sea a nivel de escucha activa como a nivel de transmitir pareceres de forma más positiva o menos agresiva, lo que llevaría a actitudes o posiciones diferentes. Cambiar p.ej, el “pero” por “también”, el “debes” por “deberías”, el “tienes qué…” por el “es importante que…”; suprimir las afirmaciones categóricas como el “tu siempre…”, “tu nunca…”, “te lo dije…”

Y por último, Giulliana nos habló sobre el Feng Shui. Creo que leeré algo sobre esto…

Me ha inspirado bastante esta charla y he tomado ciertas ideas que intentaré llevar a la práctica, aunque algunas ya las tengo instaladas de serie. La moraleja de todo esto es que: Tenemos que ser nuestra mejor versión y creernos unos visionarios para poder apuntar lo más alto posible y alcanzar el mayor número de metas que nos propongamos para ser felices.

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