Capital de Albania

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(Imagen: Ilustración Sara Herranz)

Capital de Albania te dije y, sin dudar, Tirana fue tu respuesta. Y te abrí la puerta de mi rutina y tú, supiste engordarme la sonrisa con cada frase, con cada palabra que te permitía tu afonía, con esa ironía de mi misma talla y esa facilidad innata para desempolvarme los suspiros y desnudarme todos los secretos.

Aprendimos a mirarnos las costuras, las etiquetas y las vueltas de tuerca y a perdernos en las esquinas de nuestros sueños por cumplir… Y era sencillo ir descubriéndote poco a poco, callejeando por tus recuerdos y paseándome por tu biografía como un turista sin prisa y con ganas de más. Se me amontonaban las ganas de abrazarte y a ti te sobraban las razones para naufragar en mi boca. Esa noche había más calorías que nervios y la distancia se hizo paréntesis para disimularnos todas las metáforas. Nos miramos a los ojos y el silencio bailó tan pegado con nuestras pupilas que pudimos oler el temor de ese descuido osado que pretendía rozarnos la piel sin salirse del mapa.

Y aquí seguimos, remando en la misma dirección a cuatro manos, a veces con el viento a favor, otras remontándonos las tormentas con esa paciencia que te sobra y a mi me falta. Y aquí vivimos, en cada latido que mantiene nuestro instinto a flote y las ganas abiertas de par en par, esperando que llegue el momento de arder una vez más contigo hasta que se me vayan estas ganas tan tontas de besarte otra vez…

Capital de Albania te dije y tú… sigues sin dudarlo ni un segundo.

Segundos de tregua

ojo-blanco-y-negro

Es insoportable la manera de mirarte de reojo,

cuando las horas mueren en tu boca

y las ganas hacen cola a la deriva de esa ausencia

que, cansada de esperarte, cojea entre pulsaciones inflamadas.

Y te dibujo como cada mañana entre mis renglones,

entre todas esas líneas de verbos inútiles que conjugan forzados,

esperando un golpe de luz que me despierte la vida

pero tú…

sólo esperas ser latido apuntándome a la herida más grave,

te encanta robarme el aire y prestarme segundos de tregua

para que te mastique con deleite y devoción.

Me dueles a ratos y a gritos pero me gusta cuando pierdes el norte

y tu brújula me da la espalda porque odia mis retos.

No me creas cuando te despejo las incógnitas

porque soy tu mayor enigma

y las cosas simples

nunca

nos

han

tentado.