Los números de 2015

MIL GRACIAS  a todos los que me habéis seguido durante 2015!! A por el 2016… Muaaaaaaaaaaaaaccccc!

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 4.300 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Supervivencia o cómo convertir el gris en azúcar

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La extinción del gris ha pasado de ser intención a objetivo y no sólo me frenan tus recuerdos asomados al balcón de mis descuidos. Son, también, esas ganas mortales de peregrinar hacia tus vísceras lo que me deja con el aliento justo y la mandíbula más rota que de costumbre. Necesito sofocar esta rutina de incoherencias que me traslada a ser quien no soy por momentos fugaces y pillar desprevenida a tu conciencia para que puedas darte cuenta de lo mucho que te falto y lo poco que te apetece seguir así. Este tono a tristeza, que aterriza en todos los charcos de mis ojos, debe extinguirse de la forma más tonta que conozco pero no encuentro carcajadas en mi armario esta mañana y la sonrisa, a veces, no sabe cómo maquillar heridas abiertas, ni corazones huérfanos de caricias.

Apagaré cada lágrima contra tu ausencia y dejaré de darle caladas a tu memoria para que la vida se cure del tedio, de la monotonía que provocan tus lagunas, de la escasez de tus sombras proyectadas en un pecho que ya no será tu hogar. Hoy me falta tu acento arropando mi abstinencia.

He probado las prisas de tu boca y, ahora que caigo, lo jodido de tus besos era ese sabor a recuerdo que se me quedaba entre los dientes y la lengua nada más despertarme. En esos instantes paladeaba la derrota, el vacío envasado y la mala suerte de no padecer amnesia nada más despegar la mirada. Lo jodido de la pereza que me da espantar verdades que no combinan con mi presente, es esta angustia que empaña todas mis metáforas y cada uno de los espejos que reflejan mi cuerpo sin alma. Y luego está toda esa mierda de no creer en la vida más allá de la muerte de nuestro pasado, de nuestros verbos conjugados con la misma facilidad con la que me dijiste “no sueltes mi mano”, del tú y del yo pretendiendo sumarse lejos de cada mirada.

Así que voy a buscar eternidades en este presente vestido de furcia que me digan que estoy viva, que los locos seguimos teniendo temas y que la cordura es el traje hecho a medida para los cobardes que escatiman en sueños. Me voy a dar un baño de viento huracanado porque quiero dar cuerda a todas mis metas, a mis adolescencias sobrevenidas y pasarme de rosca cuando me aprieten las ganas de ti. Caminaré con la espalda erguida sabiendo que este racimo de ahoras es el nido de mi mañana y así construiré puertas donde ahora sólo se ven muros. Me aburre habitar el suelo todo el tiempo y morder asfalto cada hora que se me escurre entre las excusas que me invento para no sentirme viva. Por eso voy a hacerme zumo con cada minuto que planee sobre la rutina y seguir viviendo de la realidad disfrazada de cuento, porque prefiero vivir por exceso que por defecto, con la lengua seca y las pupilas dilatadas, cambiando de canal sin pensarlo dos veces, pintando intenciones con plumas de pájaro y errores con lecciones por memorizar porque lo peor que me puedo hacer es llegar con el vestido impoluto y sin rasgar. Quiero que la experiencia me arañe la piel, el amor me muerda la boca y el arte me grite en silencio cual es mi camino y quiero verte llover, por fuera o por dentro, para no dejar de aprender que el destino es lo que somos.

Secuelas post tú

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Desastre de huellas desordenadas que trato de poner en fila,
para que no se salten la frontera entre echarte de menos y tenerte entre mis brazos.
Esas extremidades que, desnudas de razones, pretendían convencerte de que era yo tu ELLA
y, ahora, se niegan a abrazar otros cuerpos más accesibles.
Quise ahogarme en tu último aliento y respirarte por dentro,
como si mi combustible fuese esa bocanada de aire caliente que filtran tus pulmones y mi vida pudiese iniciar su letargo en ese vaivén contenido.
Quise ser esa voz que confunde verdades con batallas perdidas
y no me di cuenta de que mi soga era tu musa
y de que te sentías rehén entre mis piernas mendigando rescates a cambio de puertas por las que salir y huir.
Hoy te he visto entre líneas
y no pude contener la fragilidad de tus restos,
las ganas de besarte omitiendo tactos,
la poca vergüenza que conservo en la despensa,
la insensatez que me guía cuando no encuentro el camino recto y me pierdo entre las curvas de tu pecho.
Hoy te vi entre los deshechos de mi dignidad perdida
y no quise remorderme más la conciencia,
así que me armé hasta los dientes con excusas sin madurar,
de esas que pierden el metro en hora punta por quedarse mirando a las vías,
de las que se visten deprisa para que no las atropelle el descuido
y me dejé arrastrar por ese perfume lejano que desprende tu ausencia con ese toque cobarde de los que han perdido muchos trenes.
Ver cómo te alejas infecta la definición de mi única herida post tú
y esas secuelas germinadas de un nosotros troceado
me suplican una venganza que desoigo por falta de tiempo,
por falta de ganas,
por falta de odio
y porque, muy en el fondo, sigo prefiriendo morir en el recuerdo de tu risa.

Esta mañana…

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Esta mañana me siento menos nada, menos vacío repleto de miedos con la cara limpia, menos promesa de sueños huérfanos de una realidad que se queda corta. Esta mañana me he vestido de domingo siendo jueves y me he comido tus recuerdos con las manos, para ensuciar ese tacto que te hacía suplicar el cese del tiempo, y un trocito de mi mundo en ruinas para que mi día empiece menos empañado que este espejo sin reflejo. Esta mañana me he despertado con las ganas descalzas de rendirme a tus abismos, con el corazón pasivo cruzando sin mirar y el estómago encogido porque te quiero a tiempo completo aunque sólo te deguste en porciones.
Esta mañana me he disfrazado de anticipo, de deuda pendiente y de saldo a tu favor a pesar de que nunca me ha gustado quedarte a deber. Y me siento como esa musa inventada que te persigue en las canciones, en las ciudades que visitas, en los rincones que habitas para que los poemas dejen de reiterar utopías y se vuelvan verdades infinitas con las que jugar a perderlo todo. Y que de estas verdades se escapen mis dudas de otras bocas dispuestas a besar con los ojos cerrados y a certificar mi muerte por placer como si fuese éste el remedio. Explícale a mi amanecer que esa condena perpetua al olvido, que me hace perecer, se ha perdido entre los  porqués de haberte ido. Y deja que me duerma de nuevo pensando en que podrías ser tú ese verso despeinado en mi almohada, que me aliente en cada paso, en cada sueño adulto, en todos los imposibles que soporta esta distancia que nos une.
Y camino entre las líneas del tiempo con las mismas coordenadas que me conducen al recuerdo de tus ojos. Y te miro tejiendo complicidades menos rotas que ayer y menos dueñas de ti y más pendientes de todo lo que no te he perdonado sin derecho. Y siento en mi piel la réplica exacta de ese grado 7 que tambaleó mis cimientos la primera vez que nos ahogó el calor y sucumbimos al deseo y derrocho mis inviernos en evocar tus texturas, tus colores y todos los sabores con que desvestiste mí lengua, en verte pasar las hojas de mi calendario con tus dedos húmedos y en comprender la causa de cada disparo improcedente en este despido tan incongruente. Y me miras con esa paciencia prestada a punto de vencerte, con la pena enfundada entre ceja y ceja porque te falta aire y te sobran alas. Y yo me desprendo de ti con la misma pereza con la que se calientan mis bostezos los lunes y convoco reunión de lágrimas para que ésta y todas las veces que me despierte contigo entre los dientes, sepa que este dolor no admite más socios.