El último suspiro

sara

Hoy me abrazo a ti como a ese último suspiro
que te deja la garganta seca si no tragas rápido.
Te abrazo para sentir de cerca como te desvaneces
en este aire poluto que fue mi droga tantos meses,
que incluso mi memoria es capaz de perderse y no volver.
Me fundo en ti y en esa luz verde
que alumbró mis desvelos en este océano de silencios
y de viajes al cielo con escala en cada muro.
Te estrecho fuerte contra mi pecho
para que notes los versos que te quedarán por descubrir,
los besos que ya no rescatarán tu lengua de su letargo
y todo ese roce pendiente que siempre has tenido en mente.
En el fondo, eres un pobre diablo que no ha sabido salir
de ese infierno que tiene por vida y que se construyó
a base de metáforas de rima fácil y de falsos testimonios.
Yo siempre jugué con la verdad;
tú, en cambio, barajabas la mentira con tanta habilidad
que los ases siempre estaban de tu lado.
Me gustaría vivir para siempre en el hombro de tu risa,
aquella que erizaba mi piel con su roce
y quedarme a escuchar ese acento con sabor a mar y cuestas
que tantas y tantas tardes alimentó mi hoguera.
Sin embargo, ya no quedan cenizas de ese incendio provocado;
tampoco la extinción era la solución a tus problemas,
ni la provocación el remedio de los míos.
Ahora voy a soltar esa mano que una vez me tendiste
para que, juntos, paseásemos sobre la cuerda floja.
Debí dejarme caer mucho antes,
quizá la herida hubiese sido igual de profunda pero menos letal.
Reposo mi cara en tu cuello
porque estoy demasiado decepcionada para mirarte a los ojos,
porque no sé quién has sido, ni quién eres,
ni qué has venido a buscar en mí que no te daban ahí.
Recogiste tantos frutos sin haber sembrado nada
que te avergüenza demasiado apropiártelos sin pagar.
¿Por qué la huida es siempre la casilla que marcas por defecto?
¿Por qué mi luna giró en torno al planeta más cobarde?
¿Y por qué me quitaste una venda poniéndome otra encima?
Seguiré dándote placeres en formato recuerdo
hasta que tu mente aprenda a difuminar mi contorno
de esa vida que te gustó interpretar por segundos.
Yo, mientras, arruinaré mi destino con síndromes por descubrir
y seré mi plan B porque tengo sed y hambre
de un mundo del que, por suerte, ya no formas parte.

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La maldición

mal-de-ojoMi nivel de superstición en sangre siempre estuvo bajo mínimos. Nunca lograba entender como había gente capaz de dejarse llevar por supercherías tontas y malos farios, pero estos últimos meses aprendí una lección valiosa: Jamás debe ponerse en tela de juicio el poder de la mente.

Hasta el año pasado era una infalible médico que se había graduado por la Universidad de Houston. Me iba muy bien. Había conseguido meter el pie en una importantísima clínica privada de fertilidad en pleno centro de Manhattan y debido al alto grado de envejecimiento en la plantilla médica, en un par de años conseguiría un buen ascenso. Allí conocí a Glenn, uno de los mejores ginecólogos de Nueva York. Fue mi mentor durante mi periodo de prácticas y con él gané, a parte de experiencia en la detección precoz de malformaciones fetales, mucha paciencia.

Si, nací con ese insignificante defecto bajo el brazo.Y en lugar de concentrar mis energías en reducirlo, lo alimentaba cada mañana al ponerme al volante de mi Bmw. La gran manzana se pone tan impertinente en hora punta, como un adolescente al que le privas de su videojuego favorito.

Mi trabajo, aunque gratificante, era de esos que lograban mantener mi stock de estrés rebosante. Cosa que agradecía y odiaba a partes iguales. Me desquiciaba tener que esperar los resultados de todo. Eso de aguardar por el fruto de una fecundación asistida que yo había programado, me generaba cierta ansiedad. Si, todos me recomendaban practicar Yoga. Yo les ignoraba.

Tenía todo para ser feliz: un bonito loft en el centro, un vestidor hecho a medida para compradoras compulsivas, un pase VIP para todos los desfiles de moda de la ciudad, un personal trainner, una tarjeta con crédito ilimitado por cortesía de papá y un novio corredor de bolsa y de ultramaratones.

“…Hace un tiempo, en uno de mis viajes a España , cuando salía de una boutique de comprarme unos tacones de vértigo, me crucé con una gitana que me ofrecía una ramita de romero. Decía que me traería suerte. Yo la despaché enseguida con una mirada de superioridad y un “apártese de mi camino, tengo prisa” mientras le propinaba un ligero codazo para librarme de esa montaña de grasa zíngara. Ella se quedó tras de mí rezando y lo único que alcancé a comprender fue un: “me cago en tus muertos!” ¡Qué falta de educación!, pensé.

A partir de ese incidente, las cosas en mi vida comenzaron a torcerse poco a poco y sin pausa. A los días de regresar del viaje, descubrí que mi novio Freddy tenía una amante desde hacía un par de meses. Menudo palo. Le hice recoger sus cosas e irse de mi vida sin hacer ruido. Cada tarde volvía de la clínica, me servía una copa de Barbera d´Asti y me recreaba en la maldición del cajón sin su ropa. Pensaba que tardaría mucho en recomponerme.

Al cabo de unas semanas, mi padre fue detenido por dos supuestos delitos de tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas y mi madre, del disgusto, se fugó con su monitor de pádel a una isla del caribe. Debí sospechar de esa extraña y repentina fiebre por el deporte.

En mi trabajo también sufrí las consecuencias del mal de ojo de esa desgraciada de piel morena. Todas mis pacientes empezaron a tener serias dificultades para que sus inseminaciones prosperasen y las que llegaban a término, siempre resultaban ser complicadísimos partos múltiples. Todo se me estaba escapando de las manos y no sabía como podía frenarlo.

Glenn me dijo que necesitaba unas vacaciones y me invitó a su casa de Austin. Se vino conmigo y allí me enseñó dos cosas importantes. Una, que todo lo que tenemos hoy, mañana igual ya no está. Por eso hay que valorarlo y disfrutarlo y dos, bueno, la segunda cosa me la guardo. Eres menor.”

El joven la miró perplejo sin saber que decir ante esa sonrisa pícara de la médico. Cerró rápido su cuaderno donde había anotado algunas ideas y se dirigió a la puerta de la consulta tras un tímido y atropellado agradecimiento. Fuera le esperaba su madre.

—¿Qué tal con mi amiga Sarah, cariño? —le interroga curiosa mientras le coloca el flequillo.

—Bien, supongo que esta historia me servirá para el trabajo de ética —dice guardando su libreta.

Y ambos abandonan la sala de espera al tiempo que oyen a Sarah gritar en su consulta: ¡Me cago en la vieja! ¡¡¡Otra con trillizos en lo que va de semana!!!

Esa sensación que me sabe a ti

espalda-chicaÚltimamente, cuando los astros conjugan tu nombre y se disipan las nubes que amenazan una tormenta que he pedido por encargo, me da por pensarte de nuevo. Y observo atenta como suenan las primeras notas de La Roux, esa pelirroja que roza la psicodelia con su voz y nos sigue erizando la piel. Es esa mezcla ambigua entre lo sexy y lo urbano la que bautizó una intimidad casual fruto de mis noches descalzas sobre ti y de tus desvelos privados de rutina. Y no hace frío ni calor en este hostal para locos que es mi mente ahora. Y noto como un ascensor va recorriéndome la espina dorsal de abajo arriba, empezando por la primera vértebra lumbar y terminando en la última cervical. Un ascensor en el que sólo queda espacio para dos, mi tú y tu yo. Me subo dentro, sonriendo con la mirada fija en el suelo para no desnudarte a penas entrar y comienza el ascenso hacia mi nuca. Es extraña la sensación de sentirme dentro de mí, al lado de tu aliento viajando hasta mi cerebro. No importa nada más que el trayecto, aunque me siento presa de una fobia difícil de dibujar sobre el papel y todo está impoluto y fuera llueve a mares, pero no me importa porque nadie puede mojarse en mi nombre, ni en el tuyo.

Y me debato entre salvar la distancia que separa mis latidos de la última parada, esa donde la razón me hará despilfarrar todas mis reservas de sueños locos y quedándome con los bolsillos rotos y el corazón vacío, tendré que emprender de nuevo un viaje hacia no sé dónde para buscar quién sabe qué. Ya nada tiene lógica desde que perdí los papeles nada más encontrarte. Ya no sé qué camino tomar porque todo es una vasta extensión de arena.

Y entre dos precisos mundos me debato. El de dentro a veces placentero, a veces demoledor y el de fuera que me invento. A veces consigo acertar. Ya dejé de preguntarme quién soy o qué soy. Ahora sólo busco sensaciones. Esos momentos de placer que venga de donde venga, son tan efímeros que no hay más opción que pararse a saborearlos con los ojos bien cerrados. Ya sólo busco ese ascensor de dentro que me lleve al piso que ambos deseamos.

Como si nada

tumblr_mubggtEfnS1sj4bmqo1_1280Apareciste, como si nada,
entre los renglones de mi destino
y te dejaste caer,
vestido con ese acento
que puso tildes a todas mis razones
para seguir soñando eternidades con los ojos bien abiertos.
Tenías el don de convertir la pereza en ganas a rabiar,
el miedo en coraje
y la monotonía en variedad.
Tenías también esa facilidad innata
para arrancarme la ropa a golpe de mordiscos y miradas
y antes de contar hasta diez, era capaz de perderme
en el negro de tus ojos y solicitar asilo.
Y, como si nada, te quedaste acampado en los pliegues de mi risa,
esa que tanto echabas de menos porque nunca tenías de más.
Y me hiciste florecer cuando la primavera
no era más que un proyecto
desde ese día en que te escuché llover
sobre mi suelo mojado.
Parece que te conozco desde siempre
y… tan sólo hace un rato que has llegado.

Noches en blanco

1305591870730_fAmor,
aunque has sabido pronunciarlo,
fuiste incapaz de hacérmelo.
Y ahora esas cuatro notas
me parecen tu peor canción.
Y en esta habitación
donde tantas veces mi voz se apagó
al roce de tus caricias en forma de verbo,
tras un cristal que
tantos y tantos momentos
reflejaba mi miedo a perderte,
te sueño.
Y esta cama vacía
que es ahora mi refugio en singular,
el rincón donde aprendo a olvidarte
a golpe de noches en blanco
me pregunta por qué.
Díselo tú,
dile por qué
donde antes jugábamos a restarnos la ropa
con muchas ganas y poca prisa,
ahora juego yo a quererme por los dos.

Si me ves llover

20080704190235-lluvia26ibLlueve lluvia en mis ojos
porque mi mañana debe empezar por cero,
en estos días que ya no cuentan conmigo,
que son un tú a la izquierda
en esta ecuación sin solución
y un verso huérfano de rimas.
Y ahora jugamos a intuirnos
a través de los silencios,
de un espacio perdido en el tiempo
que se ha conformado con mirarnos el culo,
porque hemos dejado de ser ese uno
que pretendía la misma dirección.
Nos buscamos en los minutos,
en la distancia, en cada recodo de pensamiento
y en ese hogar donde nos dimos más caricias
con sabor a nostalgia
que promesas que, al final,
no nos sabían a nada.

Si me ves llover
es porque has dejado mis charcos vacíos
y necesito llenar de pena tu ausencia.
Recordarte es herirme de muerte
pero olvidarte tampoco es vivir;
es vencer la desidia
de un juego que ya no me aporta,
que ya no me dice quién debo ser
porque ha dejado de importarme.